Me encanta Tormenta. El personaje creado por Len Wein y Dave Cockrum que varias veces ha sido líder de los X-Men. Es el arquetipo de diosa guerrera. Una Bóreas, dios griego del viento del Norte. Con su cabello blanco, pero más joven. O quizás una hija de Tifón, el más destructivo de los monstruos mitológicos, capaz de crear huracanes con sus alas y de desafiar al propio Zeus. La batalla de aire y trueno fue terrible, y Tormenta combina ambos poderes. Víctor Ibáñez la dibuja de manera brillante. Con la mirada fija y en claro signo de combate, formando un original a tinta que formó parte Superhéroes con Ñ en el Museo ABC, una exposición que refleja en casi 200 láminas la producción de algunos de los historietistas que marcaron la senda de trabajo en el mercado del cómic estadounidense. Reúne además varios vídeos realizados por el propio centro sobre el universo y el proceso creativo del cómic. Cuando se publique esta reseña la muestra habrá cerrado sus puertas, pero quedará patente una nómina de nombres a través de los cuales el lector puede sumergirse en una parte importante de la historia del cómic.
Muchos autores trabajan hoy para numerosos mercados internacionales, podemos localizar a dibujantes y guionistas en prácticamente cualquier país. Quizás uno de los pocos contextos herméticos sea el japonés, aunque no por ello se encuentra totalmente cerrado. Si es difícil trabajar directamente, no lo es imitar sus estilos más característicos: los distintos boom del manga en Occidente hacen que muchos autores hayan crecido con shônen y shôjo e imiten sus formas más características. Mucho más abierto y cercano geográficamente a España es el francobelga, referencia y blanco de emigrantes peninsulares durante varias décadas, con obvios ejemplos de éxito transfronterizo: uno de los más recientes el de Canales y Guarnido con el gato noir, en referencia al género y a su color, Blacksad. Como recuerda la muestra, el dibujante fue además uno de los autores que trabajaron para Marvel UK. Y en verdad el movimiento a diferentes naciones es algo con bastante longitud histórica: como destaca Antoni Guiral en la introducción a Cómics Made in Spain de Koldo Azpitarte, hubo siempre emigración por motivos de índole política, muchas veces promovida también por las ínfimas condiciones laborales que ofrecía la historieta en España. Autores como Carlos Freixas o Alfonso Figueras fueron todavía más lejos al hacer las maletas rumbo respectivamente a Argentina y Venezuela. Aunque en la actualidad no es una emigración física sino de obra: los historietistas trabajan desde sus casas y envían el material a las grandes editoriales. Fórmula nacida ya en las agencias en los años cincuenta y que hoy resulta todavía más fácil gracias a las nuevas tecnologías. Muchos de estos autores crecieron con los tebeos de superhéroes en las manos. De tal forma que para algunos, Marvel, DC o Dark Horse fueron un medio de vida, pero para otros fueron una aspiración lograda. Esa narración nostálgica de la tienda de cómic y del coleccionismo de superhéroes que es Los chicos que coleccionaban tebeos, redactada por el actual editor de Marvel en Panini Cómics, Julián M. Clemente y el director y guionista de cine Helio Mira, nos habla de una generación que en la segunda mitad de los ochenta esperaba con impaciencia los ejemplares de las dos grandes editoriales norteamericanas que traían a España Comics Forum y Ediciones Zinco. El joven apasionado de los tebeos de superhéroes que fue y sigue siendo Julián Clemente asume el papel de comisario de la exposición. No sin incluir además algo muy propio del universo comiquero: una selección personal de cómics norteamericanos para que el neófito pueda introducirse en los mundos de Gotham, Hell's Kitchen o Metrópolis.
Se plantea una organización generacional y cronológica, formando un discurso que comienza por los pioneros: las portadas que Rafael López Espí realizaba para Ediciones Vértice, o el acceso a la industria estadounidense de autores como José Luis García López. Los Superman y Batman más arquetípicos, los más reconocibles, verdaderos iconos de DC, salieron de su pluma. La muestra continúa a través de los contactos entre historietistas españoles y Marvel UK, para pasar a la conocida como “Generación Laberinto”, que trabajó para esta fallida línea creada por Cómics Fórum en el año 1996. El cuarto apartado aglutina principalmente a los autores que trabajaron para agencias como Spanish Inq. y Nutopi@ Agency. Lo cierto es que una exposición sobre emigración al exterior podría haber dado pie a un discurso más crítico sobre el mercado o las políticas editoriales nacionales, que se va tornando como necesario. Pero el hilo curatorial no parte de ahí, y presenta un recorrido eminentemente estético. La muestra ha recibido una buena recepción crítica y eso siempre es algo a agradecer en el universo del cómic, con piezas elegidas cuidadosamente para que el espectador disfrute con el dibujo. Si hace años nadie conocía a Silver Surfer o a Los Guardianes de la Galaxia, los nuevos universos cinematográficos han creado una buena base desde la que un lector no avezado puede acercarse hasta la muestra y comprenderla.
Entre los representados por Nutopi@ Agency, encontramos a artistas como Rafa Sandoval, con sus magníficos dibujos de X-Men. Y en verdad la calidad de algunas láminas impresiona. Demuestran las distintas variaciones que puede tener en función del autor y de sus influencias un dibujo en su mayoría de base naturalista. Desde la elegancia y los referentes heredadas de John Buscema, Neal Adams o del propio José Luis García López por parte de Carlos Pacheco, hastalos toques manga de Emma Ríos. Representante de la última generación, en la que caben multitud de estilos adaptados a cada historia, como la tendencia al cartoon de David Ajá. Pero la muestra también cobija un detalle curioso: el trabajo como colorista para Salvador Larroca que realizó Paco Roca. Antes de convertirse en uno de los emblemas de la novela gráfica española, llegó incluso a sugerir un cómic de Los Cuatro Fantásticos que no llegó a despegar pero del que se muestran originales. En los noventa, Paco Roca trabajó también para Kiss Cómix y para El Víbora, entre otras cosas en una variante pornográfica. Vivir del cómic siempre implica tocar muchos géneros. Al menos al principio.
La sección que muestra estas láminas es la última y forma un cajón de sastre que cobija también a la figura cuasi legendaria entre algunos aficionados de Pere Olivé, director de arte de Cómics Fórum, y de Sergio Aragonés, autor del personaje de Groo el Errante (una sátira de Conan el Bárbaro). Especialmente conocido además por sus chistes en los márgenes de la revista MAD. En todos los casos son leyendas difíciles de crear: la industria del cómic en Estados Unidos no es precisamente sencilla. Resulta difícil abrirse camino. Sin embargo, no es una excepción a cualquier labor que implique viñetas. Junto a Emma Ríos, la única mujer que encontramos en la exposición es Natacha Bustos. Aunque cada vez hay más autoras, lectoras y estudios feministas aplicados a la historieta, todavía queda mucho por hacer. También con influjos en su estilo del manga, Bustos ha sido la encargada de Moon Girl and Devil Dinosaur, desventuras de una niña y su dinosaurio gigante rojo. La autora no sólo ha realizado exprofeso para la muestra un dibujo de su personaje, sino que resume a la entrada de la sala la esencia de la exposición: “Es una profesión agradecida, donde nos respetamos porque sabemos que es muy duro, dibujes donde dibujes”.


