Originales jóvenes. Jóvenes originales

España tiene una buena cantera de jóvenes autores de cómic. No es algo nuevo: el panorama del fanzine o de la autoedición lo ha mostrado en diferentes momentos. Por traer a colación un ejemplo aragonés, podemos nombrar al mítico 451º donde publicaron Jesús Saíz o David López, y que sirvió como trampolín a muchos de sus autores para el mercado norteamericano. También Agustín fue una obra autoeditada por el leonés Javi de Castro, cuyos originales se mostraron en El Armadillo Ilustrado.

Con poco más de 25 años, ha recibido el Premio a Mejor Autor Revelación del Salón del Cómic de Barcelona. Ha publicado Sandía para cenar en la zaragozana Thermozero Cómics o La última aventura sobre guión de Busquet para Dibbuks. La primera es una breve y personal historia costumbrista con tintes fantásticos, y la segunda un homenaje a las series de aventuras con un buen dominio del color y de los distintos elementos de dibujo que construyen la obra. Si la suerte acompaña, un recién graduado en Bellas Artes cuenta con varios espacios en los que poder vender su obra en la ciudad. O por lo menos de darla a conocer. Y los jóvenes autores de cómic aragoneses no son menos: tienen también que constituir sus propios lugares para difundir un material del que a todo historietista le cuesta desprenderse: el original.

En un medio de masas como el tebeo, los originales constituyen uno de los elementos más preciados, porque aportan la idea de obra de arte única. Y no es que vayamos a citar aquí a Walter Benjamin y el repetido concepto del “aura”, ya que además no sería del todo cierto: a muchos aficionados y coleccionistas de cómic lo que les importa no es el original sino completar la colección de un personaje o autor en concreto. Pero estas obras son firmes peldaños para que el cómic pueda caminar por la escalera que conduce al reconocimiento museístico. Importante esfera desde la que avanzar en su reconocimiento social. Y aportan a los jóvenes autores la posibilidad de conquistar otros espacios para obtener una fuente distinta de ingresos o para darse a conocer de una forma diferente a la autoedición o a la del mundo editorial.  

Por eso es importante que la exposición se vinculase a Zaracómic, iniciativa que aglutina a librerías y editoriales de cómic radicadas en Zaragoza. El sector museístico comienza a abrirse al cómic con exposiciones como Valencia Línea Clara en el Instituto Valenciano de Arte Moderno, o con las iniciativas de Museo ABC o de El arte en el cómic de Fundación Telefónica. Pero el medio sigue muy vinculado a la librería especializada, y éstas se encuentran ya muy lejos de La mazmorra del Androide de Los Simpson: realizan encuentros y charlas, cobijan exposiciones y se reúnen en esfuerzos comunes. Gracias a Zaracómic y a esta muestra de El Armadillo descubrí Que no, que no me muero, apuesta de la pequeña pero cuidadosa editorial Modernito Books.  

En la exposición se mostraban algunos originales que destilan el sesudo trabajo que hay detrás de la propuesta, que transforma una serie de relatos de la escritora María Hernández en un glosario de historias cortas organizadas en torno al alfabeto. El cómic ha recibido buena recepción crítica, y constituye narrativamente un relato que muestra una realidad personal de lucha contra el cáncer. Fuera de épica y epopeyas. Consciente de la realidad de la muerte. Vivimos en una sociedad donde la publicidad parece crear arquetipos de seres humanos eternos. Con cremas antiarrugas podemos extender la vida de nuestra piel más de una década. Y si llegamos a los ochenta algunas bebidas con cafeína nos prometen llevarnos de vuelta a la juventud. La muerte huye de la representación. Y la cotidianeidad de Javi de Castro y María Hernández la devuelve al lienzo. Muestra la obviedad de la muerte como parte de la vida. Y visualmente las viñetas demuestran la madurez de un dibujante que se siente libre trazando composiciones adaptadas a cada pequeña historia.

Cuando se publique esta reseña, la exposición habrá sido sustituida y Zaracómic habrá concluido, pero sirva la misma para dejar constancia de la necesidad de ocupar nuevos espacios expositivos y de la gremialidad, positiva en cualquier campo. Y todavía más en un universo tan pequeño como el del cómic. En una de las charlas, Xcar Malavida destacaba en transcripción aproximada que “cuando te va bien a ti, también me va bien a mí, y en general, a todos nos va bien”. La misma idea la podemos leer en editores como Fernando Tarancón y, en verdad debería de constituir la base de todo esfuerzo creativo o en gestión cultural: abogar por la cooperación para aumentar un círculo en el que tengan cabida los consolidados. Y, por supuesto, los jóvenes.

Exposición de originales de cómic de Javi de Castro, El Armadillo Ilustrado, Zaragoza

Número 35

Junio 2016
Julio Andrés GRACIA LANA
Personal Investigador en Formación (Gobierno de Aragón y Fondo Social Europeo) en el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza, Miembro de AACA y de AECA
Fecha de recepción: 26/6/16
Fecha de aceptación: 28/6/16
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