Con el título Jean Anguera caminos de la escultura, se inauguro la exposición en La Lonja el 11 de febrero. Escultor nieto del gran Pablo Gargallo. Los dos prólogos se complementa de maravilla y hay sólidas razones. Rafael Ordóñez Fernández porque publicó un gran libro sobre Pablo Gargallo y sabe ver la escultura como pocos, mientras que Juan Manuel Bonet, más que conocido por sus publicaciones sobre arte, es director del Instituto Cervantes en París y su madre es francesa. Jean Anguera nació en París el año 1953, lo cual significa que tiene muy sólida trayectoria artística al servicio de excelentes esculturas.
Veamos las diversas singularidades. Los puntos en común de las esculturas son el color oscuro y el muy atractivo y evocador tratamiento de la superficie, basado en dispares rugosidades, hendiduras trazando surcos paralelos móviles como si fueran la consecuencia de una pertinaz lluvia y lo más parecido a rocas en obras tipo Mujer tumbada, agua en el agua, 1998. Lo indicado multiplica la variedad visual en el ámbito de una obra poderosa, dura, con el impactante volumen más que controlado dentro de esa singular y natural fluidez. Una gozada. Lo que podrían definirse como abstracciones con dosis expresivas se dan en obras tipo Autorretrato de la escultura I, 1995, De la presencia y del lugar, el alma, 1996, De la presencia y del lugar, la separación, 1996, con dos formas que se miran desde el inicio de su posterior lejanía, Mujer tumbada, agua en el agua, 1998, Mujer tumbada, cuerpo olvidado, 1998, Pensamiento del paisaje, mujer tumbada II, 1998, la serie El camino desde el caminante, 2000, basada en el equivalente a dos solitarias pero gigantescas rocas, o De la presencia y del lugar, invierno, 2001. Cabe advertir que, salvo los títulos, ni de lejos se detecta el cuerpo de una mujer, aunque sí dos poderosos volúmenes unidos por formas abstractas de menor tamaño al servicio de la gran belleza creativa. Vibra una especie de palpitante soledad. Donde sí trabaja la figura humana es en obras tipo El desconocido en el taller. Hombre replegado, 2000, con un cuerpo sentado medio encogido y ensimismado, El desconocido en el taller. Hombre con rodilla en tierra, 2000, con la rodilla en el suelo y mirando con atención lo que sea, la serie Hombre hacia la llanura, 2006, con la figura caminando, Mujer tejida con el paisaje, Laure, 2008, o Mujer sentada tejida con la llanura, 2009. Asimismo, tenemos la serie A cara descubierta, 2004, basada en potentes y enigmáticos rostros con un hueco que sustituye al cráneo, por tanto descerebrado. Como variante tenemos la obra sobre papel. La llanura, 2010, consiste en dos planos paralelos a la base y una figura humana caminando dentro de su impresionante soledad, mientras que dibujos tipo Estudios de mujer, isla, recuerdo, 2013, o Estudio de mujer, pedestal de la tierra, 2013, evocan a las esculturas con dos grandes volúmenes unidos.
Sin pretender insistir estamos ante una magnífica exposición con altas dosis evocadoras al servicio de los temas indicados, con el potente ámbito formal y la soledad humana como gran vehículo integrador.


