En el Palacio de Montemuzo, desde el 22 de enero, tenemos la exhibición Rosa Castellot. Las orillas, con prólogos de Rafael Ordóñez Fernández y Victoria Sotés Rodríguez. Obras, entre 2013 y 2015, mediante grafito, grafito y pastel o grafito, pastel y lápiz, como norma sobre cartón o sobre papel. Primera exposición individual en 1969, con 27 años, aunque se observa que entre 1985 y 2003 deja de exponer por razones que desconocemos. Artista que nace en Madrid, año 1942, y desde su jubilación, con años dedicada a la enseñanza, vive y trabaja en Santa Lucía de Ocón (La Rioja).
Rosa Castellot ha tenido la suma delicadeza de molestarse en realizar algunas obras basadas en paisajes del Ebro o el galacho de La Alfranca. Lo expuesto obedece a paisajes durante diversas estaciones del año, incluyendo nevadas y el agua, mediante exquisitos colores, nunca estridentes, que atrapan los secretos de la naturaleza con impecable capacidad evocadora. A sumar un natural sentido de la sobriedad para ahondar en la radical quietud o el controlado movimiento, de modo que la vegetación y el cambiante paisaje respiran en su interior como si fuera la única propietaria.
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En el Palacio de Montemuzo, desde el 30 de marzo, se inaugura Sylvia Pennings. Los cuentos son, con prólogo de Chus Tudelilla que define de manera muy precisa las fuentes de la pintora a través de los cuentos de hadas, auténtico arranque imaginativo con máxima capacidad evocadora en el resultado artístico. Dibujos y cuadros de 2015 y 2016.
El bosque, en toda Europa, fue durante siglos el lugar donde todo podía ocurrir, donde habitaban animales extraños con altas dosis de peligro para el hombre. Hay un libro alemán con grabados de la época, quizá siglo XVII, en donde figuran los animales que vivían en la Selva Negra, por supuesto terroríficos pero inventados. Aquí, en las obras de Pennings, el único animal con dosis de peligro es el eterno lobo, capaz de nutrir la imaginación humana desde hace siglos. Sin olvidar los maravillosos dibujos de pequeño formato, auténticas joyas, con los árboles como único tema, el gran bosque copa protagonismo en obras tipo Sonidos del bosque, de 2015, con la desbordante imaginación mediante círculos flotantes acoplados al espacio. Una variante del paisaje se da en cuadros tipo No abandones el camino, de 2015, y Te prohíbo abrir esta puerta, de 2015, con el bosque y la nieve como protagonistas, sin olvidar el sendero central conducente hacia territorios ignotos. Paisaje que tiene otro punto culminante en el lienzo ¿Será acaso una ratita que roe mi casita?, de 2016, cuyo título nada tiene que ver con la realidad pintada, pues estamos ante una muy extraña y sugerente laguna por las formas ovaladas y los colores, que se remata con el bosque al fondo y tres viviendas perfil soledad. Una paloma blanca, con su carga simbólica, cruza el territorio. A sumar obras con Blancanieves, dos botas con alas, la manzana envenenada o la sugestiva alteración de toda realidad en dibujos tipo Metamorfosis, de 2015. El conjunto de la exposición es un auténtico lujo para el espectador, que vive con intensidad los múltiples enfoques temáticos.
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Desde el 18 de febrero, en el Espacio Tránsito del Centro de Historias, tenemos la exposición de Steve Gibson titulada Las Armas 300, que como es sabido consiste en dibujos de gran formato sobre cartulina y lápiz grafito y tamaño natural de cada retratado. Es la segunda exposición, aquí con 13 retratos a renovar durante tres meses hasta completar los 30 dibujos, como proyecto basado en 300 retratos a concluir en diez años, que parten de las fotos hechas por personas a la entrada del estudio que tiene el artista en el barrio de San Pablo. Al mes recibe entre 150 y 400 retratos y un ordenador selecciona 30 cada año. Estamos ante una especie de fascinante y variado registro social de personas tan dispares que son un auténtico placer visual. La exposición se amplía mediante tres esculturas, dentro de su personal línea, basadas en tres figuras infantiles con su típico tratamiento de la superficie muy potenciada por el color, sin olvidar una bella cabeza de mujer sorprendida en su intimidad mediante los típicos rulos. Todo se completa con un espectacular e impactante autorretrato, escultura tamaño natural, con el artista vestido de manera informal, es decir, deportivos, vaqueros y camisa roja.


