El 21 de enero, en galería Finestra Estudio, se inauguró la exposición de Bertrand Gracia Velasco, nacido en Burdeos (Francia) el año 1976, pero viviendo en Zaragoza desde los dos años. Las esculturas, salvo una mano, son de 2014 y 2015.
Su exposición se divide en dos bloques muy diferenciados. En 2015 publica el libro Hannya, en donde posa el muy complejo proceso hasta concluir las fascinantes máscaras fiel eco de la gran cultura japonesa, sin duda de gran calidad y belleza con expresiones faciales muy enigmáticas y diversos colores. Como variante tenemos tres máscaras con rostros amenazantes y cascos tipo Darth Vader, el más que malo perfil Guerra de las Galaxias.
El resto de la exposición se basa en esculturas con el alabastro como protagonista y alguna mezclado con el hierro. Tenemos, por tanto, tres expresivas manos gigantes y, quizá, cierto toque de amenaza. Dicha fuerza expresiva, una de sus naturales cualidades a la vista del resultado, queda palpable en el desnudo femenino con los brazos erguidos y en dos torsos masculinos. El muy coherente uso del alabastro, dentro de amplias variedades formales, queda diáfano en la escultura que tiene como base un bloque de alabastro tal como salió de la cantera, de modo que se detecta el muy variado campo formal. Desde una esquina surge una varilla de hierro, sección circular, que surca ondulante el espacio hasta introducirse en el alabastro del otro lado. Cuando nace y acaba la varilla coloca dos pajaritas de hierro que rompen su condición ondulante para mostrar un matiz mágico conocido desde la infancia. Escultura muy interesante, además, porque el bloque de alabastro en estado puro sirve como base para una intervención con dicha varilla de metal.
El escultor ha querido exhibir sus posibilidades en dos campos muy dispares sin vínculos formales y temáticos. Hasta aquí muy bien. Para la próxima exposición lo aconsejable es que mantenga su línea figurativa, dentro de la evolución que sea, eludiendo los temas de otra cultura y adentrándose en obras dentro de lo que siente como íntimo transformado en arte.
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En la galería Finestra Estudio, desde el 25 de febrero, se recupera la obra fotográfica de Eloy Esteban Cantín, Zaragoza, 1958-2015, gracias al empeño de la familia, de un grupo de amigos y de la galería Finestra Estudio que nunca falla. Sus fotografías, que tenemos incrustadas en la cabeza para siempre, pueden definirse como extraordinarias por su gran categoría artística. El artista expuso por primera vez en Vitoria el año 2000, con 42 años. La exposición se titula Furia y el catálogo, con reproducción de dos obras, tiene un precioso y breve prólogo de Pablo Pérez Palacio con el equivalente a títulos que luego desarrolla para definir tan complejas fotografías. Títulos como Coraje, La idea encerrada, En los trepidantes vértigos, Vibraciones delatoras, Masas de color, ¡Nada! y Entonces.
Como fotógrafo, siguiendo lo escrito en una hoja, fue un profesional autodidacta interesado por la fotografía social y luego por la industrial y publicitaria, para comenzar como trabajos artísticos con el paisaje y la arquitectura . Su obra, de pronto, da un vuelco para interesarse por la abstracción hasta su prematura muerte. Una rigurosa abstracción que podría definirse como una especie de trasplante de la condición humana al campo geométrico y expresionista cuando se da. Los fondos de las fotografías son en negro salvo una en color rojizo, que sirven como gran colchón espacial para desarrollar su principal temática. Tenemos, por tanto, tres bases: fondo, color y tema principal geométrico o expresionista en una obra. El intenso color es de tal categoría y variedad que atrapa sin descanso, en muchas ocasiones con sensaciones vibrantes y etéreas, por tanto capaces de ofrecer movimiento a través de la geometría para invadir el espacio circundante. Tenemos, pues, abstracciones expresionistas, planos informales flotantes y palpitante geometría, en muchas ocasiones uniendo, por ejemplo, pirámides truncadas con cuadrados, triángulos y otras formas. Fotografías, vistas en conjunto, que ofrecen un ámbito racional mezclado con el mundo íntimo del inconsciente, para mostrar, según indicábamos, la infinita condición humana. Una auténtica gozada para recordar siempre.


