Primera exposición individual de Alejandro Monge en Cataluña

Desconocemos qué opinan otros historiadores y críticos de arte, pero en nuestro caso donde nos sentimos libres es en los prólogos para catálogos de exposiciones, en las críticas y en el análisis de, por ejemplo, un cuadro o una escultura, que nos seduce sin posibilidad de cambio, como si fuera una positiva obsesión. Y esto nos pasó con el cuadro El éxtasis de Santa Teresa cuando lo vimos recién acabado, a falta de retoques, en el estudio de Alejandro Monge. Dicha circunstancia puede ocurrir con una obra de algún artista famoso que se distingue por su énfasis emblemático, tal como puede verse en dos ejemplos muy diáfanos. El filósofo Michel Foucault (Poitiers,  1926-París, 1984), tenía entre sus íntimas amistades a Gilles Deleuze, Paul Veyne y Louis Althuser. En 1966 publica Las palabras y las cosas, con una introducción de numerosas páginas, sin vínculo aparente con el tema del libro, en las que estudia de forma exhaustiva Las Meninas de Diego de Velázquez. Al final del texto reconoce que hay zonas del cuadro que son imposibles de analizar por su matiz enigmático. El otro caso es con Josep Palau i Fabre (Barcelona, 1917-2008), muy buen ejemplo de polifacético poeta y escritor en catalán y español, tan admirado durante su dilatada trayectoria. En 1979, la Editorial Blume, Barcelona, publica su El Guernica de Picasso, basado en el exhaustivo análisis de un cuadro tan excepcional como el pintor español, si encima consideramos las circunstancias históricas en plena Guerra Civil española, 1936-1939. Cuadro comenzado en París el 10 de mayo y acabado el 4 de junio de 1937. Libro con 96 páginas como dato sobre su impecable estudio.

Pero ahora estamos con Alejandro Monge, pintor nacido en Zaragoza el 6 de marzo de 1988, lo cual significa que El éxtasis de Santa Teresa lo acaba con 27 años, dentro de su típico realismo, con unas medidas de 240 x 200 cm. Óleo sobre lienzo iniciado el 10 de marzo y concluido el 1 de mayo de 2015. Veamos una serie de detalles técnicos para todos sus cuadros. La tela es lino belga y usa pinceles y brochas planas de pelo sintético, de gran calidad, que compra en un chino de Zaragoza.  No emplea ni aguarrás, ni trementina, ni aceite de linaza, sólo óleo puro con médiums que es un compuesto para estabilizar el proceso de secado, unificar el brillo general y eludir el amarilleo. El fondo de cada cuadro es una base negra, aunque en otros lienzos usa pardo Van Dick, y con posteridad cuadricula el lienzo para pintar después el tema. Cuando acaba un lienzo lo remata con detalles y repasa el fondo negro en una sola sesión para evitar brillos, lo cual significa un gran esfuerzo pues nunca toca los temas pintados.

Nos centramos en el cuadro El éxtasis de Santa Teresa. Dos semanas antes de pintar comenzó una sesión fotográfica con la modelo, en este cuadro la novia de un amigo, de manera que  hizo 611 fotos hasta seleccionar una, aunque coja fragmentos de otra con la puesta en escena, que varía respecto al final del cuadro pero ejerce de base. En dicha puesta en escena quita, pone y altera elementos, desde la luz hasta eliminar uno de los dos jarrones pintados al principio. La fotografía definitiva tiene el tamaño del cuadro, aunque en El éxtasis de Santa Teresa es algo menor, en concreto 160 x 200 cm. Con posteridad recorta trozos de la foto que le interesan, sobre todo objetos, como el jarrón, mientras que al pintar cambia muchos elementos, casi siempre el color. En este cuadro, igual que en otros, lo primero que pinta es el rostro como eje primordial, luego dibuja zonas, después el jarrón, para seguir con el lado derecho del rostro pintado en color oscuro con sombras sin verse la oreja. A continuación pinta el fusil Kalasnikof comprado en una tienda, las flores, el jarrón y la maleza que hay detrás, hojas, ramas y flores, muy revisada con sumo cuidado. Para concluir escribe el título en inglés con letras mayúsculas para que resalte: THE ECSTASY OF SAINT TERESA. Título que abarca la totalidad del cuadro para sugerir una especie de trascendencia vinculada con la figura femenina, sobre lo cual nos ocuparemos tras otros comentarios. Queda evidente la complejidad del cuadro desde los ángulos formal y técnico.

A destacar, dentro de lo comentado, que el negro como fondo es la base que permite incorporar todo tipo de colores, pues tiene la capacidad de atemperar cualquier impacto cromático. En este cuadro los colores, vistos en conjunto, no son exclamativos, salvo el título que destaca en exceso al ocupar la totalidad del lienzo pese a su énfasis pálido. El rostro de la figura femenina corresponde a una mujer muy bella, de pelo lacio medio rojizo, mirada insinuante con la pupila  en el centro para que el espectador se vea observado y labios entreabiertos con cigarrillo en un lado, de manera que un marcado erotismo, con dosis provocadora, se desliza por doquier, ni digamos si añadimos el hombro desnudo. A sumar el fusil Kalasnikof, cual defensa personal, que contrasta por su símbolo bélico con la figura  tal como está pintada y con las flores rojas. Lo delicado vía belleza insinuante con cada bala capaz de matar y con el título aludiendo a Santa Teresa. Cabe añadir un conjunto de elementos fugaces alrededor del rostro que, como es lógico, se distinguen por su riqueza formal dentro de colores suaves para que resalte la figura femenina. Siempre sin olvidar el jarrón situado a la derecha con fondo blanco, toques geométricos y otras formas. Queda el título. Dado que Santa Teresa es española y, encima, de una trascendencia radical, parecía lógico que figurase en español y, a ser posible, en un lado del lienzo con cierto disimulo. Pero aquí está en inglés, para seguir una especie de moda entre algunos pintores, con letras mayúsculas color rosa pálido y destacando tanto que la mirada se va al título, cuando lo más relevante es el rostro de la figura femenina, de ahí que se vea con nitidez en el centro del lienzo. El título, en este cuadro, es intrascendente pues ni potencia el tema, ni contribuye a su evidente calidad, salvo el referido choque entre la sensualidad de la figura femenina y la Santa como título. Alejandro Monge, el 29 de noviembre de 2012, inauguró una exposición en la zaragozana sala Carlos Gil de la Parra, al servicio de excepcionales retratos y paisajes, pero con un cuadro sin título de altas dosis mágicas basado en una figura infantil cogiendo las correas de dos perros ubicados en los costados. En esta línea de lo diferente se puede definir El Éxtasis de Santa Teresa, por su condición emblemática que marca su propio territorio.

“Cenizas de la Historia”, 3 Punts Galeria, Barcelona

Número 33

Diciembre 2015
Manuel PÉREZ-LIZANO FORNS
Presidente de AACA y Vicepresidente de AECA
Fecha de recepción: 21/12/15
Fecha de aceptación: 22/12/15
image_pdfimage_print