Mariano Castillo expone Casa de luz en el casino de Zaragoza. Es una muestra del trabajo de recopilación de faros gallegos, llevado a cabo durante el verano de 2015. Presenta 9 grabados al aguafuerte y barniz blando, iluminados posteriormente, acompañados de 13 dibujos preparatorios, y de las series Calendario 2016 y Tierra.
El grabador inicia un recorrido a lo largo de la costa gallega realizando bocetos y fotografías, conversando con fareros y conociendo cual es su labor en la actualidad. Nos lo imaginamos como a los acuarelistas del XIX, sin tiempo, dibujando de día y contemplando de noche.
No es la primera vez que Castillo se interesa por estas edificaciones, ya había llevado a cabo grabados de diversos faros de la península e islas, algunos iluminados, si bien ahora, como acostumbra desde hace algún tiempo, el color es muy importante en su obra.
Edificios solitarios, misteriosos, inspiración de leyendas y relatos románticos, de aventuras, góticos. Pintados a lo largo de los siglos de su existencia en todos los estilos posibles y fotografiados infinidad de veces. Nos atraen como un imán, igual que su luz a los barcos desorientados.
Mucho ha cambiado la navegación, sobre todo en el último siglo, los GPS han quitado importancia a los faros, aún siendo necesarios acabarán siendo vestigios, su imagen se volverá más potente y serán más evocadores. Han evolucionado desde las hogueras que había que mantener vivas en las playas, a los primeros faros sencillos en los que el farero tenía que velar toda la noche para que no se apagase la linterna, faros en los que tenía su vivienda, hasta el momento en que irrumpe la electricidad, cambiando el modo de vida y hasta la necesidad de existencia de los fareros.
En la exposición que nos ocupa, vemos los minuciosos bocetos a lápiz de color, que servirán de base para la preparación de los grabados, estos reproducen fielmente el edificio contrastando con la expresividad de los imposibles cielos gallegos y de los roquedales en que se asientan en muchas ocasiones.
En Fisterra desde un punto de vista bajo, el faro emerge de las rocas de un acantilado iluminando la noche, rasgando con su luz un encapotado cielo plomizo.
Torre de Hércules,el faro más antiguo, data del siglo I de nuestra era, fastuoso gigante construido por los romanos, antigua torre vigía, representado en una suave colina herbácea, destacado en una hermosa noche, con una luna llena y un cielo plenamente estrellado. Contrasta con el más moderno de Punta Frouxeira de finales del XX y muy modificado a principios del actual siglo, creado para funcionar sin necesidad de la persona de un farero. Con un aspecto muy diferente de los faros a los que nos hemos habituado, prisma de base rectangular, anclado sobre un acantilado, dominando sobre un mar tan gris como el cielo.
Imágenes nocturnas o de atardeceres, en las que los cielos toman protagonismo, a veces encapotados, turbios, en ocasiones veteados de nubes, como en Faro Estaca de Bares, a modo de fortaleza que soporta una construcción cilíndrica sobre la que se asienta la especie de jaula acristalada que contiene la luz.
En Faro Cabo Vilan la composición se divide en diagonal, siendo el faro de base poligonal una mera excusa para representar una mole rocosa sobre la que se abalanza un airado celaje.
Faro de Punta Nariga y Faro Corrubedoambos de planta circular asentados sobre otras construcciones, y Faro de Laxe en el que cielo y mar están totalmente en calma, contrapunto al Faro Prioriño Chico contemplado desde un mar embravecido.
Un título muy poético para describir lo que son en realidad, luz que guía en la noche a los marinos para alertarles de la cercanía a la rocosa costa o alentarles con la proximidad a tierra firme.


