Artista multidisciplinar y técnico de cerámica artística, Sara Biassu se expresa a través de representaciones de la esencia de los sentimientos más profundos del ser humano como pueden ser el miedo, la soledad, la angustia…
En esta ocasión nos presenta una serie de instalaciones intercalando objetos personales y elementos de mobiliario los cuales nos adentran en su universo personal. Unos zapatos rojos encerrados en una jaula que cuelga del techo son con lo primero que nos encontramos. Si seguimos avanzando y nos hemos decidido a hacerlo, veremos un objeto grande aproximadamente en mitad de la sala, se trata de un elemento con la apariencia de un piano, (digo apariencia porque está envuelto con una tela negra y no sé con exactitud de lo que se trata). Podemos observar un estuche que tiene cubiertos, utensilios mejor dicho, deformados, les falta la funcionalidad del objeto; un cuchillo sin sierra, un tenedor cuyos extremos se retuercen y una cuchara con un orificio por el que se derramaría toda la sopa si la utilizáramos.
El broche final lo ponen una representación de los zapatos, pero no pueden ser vistos directamente, tienes que desvelar una cortina blanca enorme y translúcida que cae desde lo alto del techo de la sala.
Mediante el hilo conductor del color rojo apareciendo tímidamente y tejiendo un camino, surgen objetos misteriosos y transformados desde la perspectiva personal de esta artista. Simbología, conceptualismo y fuerte carga metafórica tratando sobre la vida y la muerte como uno solo es lo que primordialmente caracteriza a la obra de Sara.
Retos inalcanzables, objetivos cumplidos, decisiones que van cambiando nuestro destino y que van configurando nuestra vida personal y profesional hasta llegar a un inevitable final por el que todos algún día, más tarde o más temprano, pasaremos.
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Elena Vicente Herranz nos presenta una exposición a la vez curiosa e inquietante titulada: “Estereometría de una cuadro y sus posibilidades fantomáticas”. Las obras que componen la exposición son una serie de instalaciones dispuestas a lo largo de toda la sala lateral del IAACC Pablo Serrano. Pertenecen a la convocatoria “Impulso lateral del año 2015 que se realiza para que continúen formando e investigando artistas emergente con en este caso Elena Vicente Herranz.
Solamente con el titulo nos presentamos en un mundo en el cual nuestra imaginación debe estar a flor de piel, tenemos que dejarnos llevar por nuestras sensaciones y primeros impulsos, porque esta exposición es para eso, para disfrutar del momento, para volver a reencontrarte con ese niño perdido que reside en tu interior todavía. Ese niño interior que todos llevamos dentro, con el tiempo se ha ido desvaneciendo pero de pronto, a través de los artilugios artísticos de Elena, vuelve a aparecer y nos llena de alegría y de sensaciones que creíamos que se habían quedado en el olvido.
La percepción visual es un concepto sobre el cual se ha reflexionado bastante a lo largo de toda la historia del arte, desde grandes filósofos como Platón y con "El Mito de la caverna" hasta el pintor Hans Holbein y su pintura "Los embajadores", la obra que le va a servir en la actualidad a Elena Vicente Herranz para inspirarse y reflexionar de nuevo sobre este concepto en la época contemporánea
La percepción de los elementos que nos aparecen en nuestro entorno y del propio espacio en el cual se encuentran, es un concepto en el que hay que tener en cuenta principalmente el análisis de los que se tiene enfrente pero también el análisis del propio sujeto que mira con cierto interés.
¿Qué es lo que hay más allá de las propias imágenes? Elena Vicente declara: “una búsqueda, una indagación de todo aquello que está comprimido en nuestra capacidad de desentrañar la realidad”.
Podemos tener experiencia o un fuerte dominio de la técnica con unos conocimientos exquisitos pero nuestros propios sentidos siempre nos engañan, nos engañan constantemente, creemos haber visto algo pero no lo hemos llegado a ver, en cambio, negamos que hayamos percibido algo, pero en el fondo lo hemos observado detenidamente. Creo que aquí entra en juego la consciencia y la inconsciencia del ser humano.
Lo que pretende esta artista es revisar las metodologías de estudio de la imagen entre dimensiones como la perspectiva cónica con la profundidad de campo, la estereoscopia, la visión binocular, “el artilugio” que me llamó más la atención de toda la exposición, es con el primero que nos encontramos empezando a mano izquierda. La verdad es que no hay un recorrido preciso, según la artista: “puedes sentirte como en el salón de tu casa”, ir probando todos los aparatos para pasarlo bien.
Este estudio artístico sobre la tridimensionalidad de la imagen nos enseña ciertos aspectos de la personalidad de la autora, de nosotros mismos y del mundo que nos rodea.
Cuando contemplamos un elemento no tenemos que verlo en apariencia sino en profundidad. Hablamos de arte si estamos hablando de símbolos que hacen referencia a universales y que de alguna manera, los artistas hacen de mediadores entre los problemas que ocurren en ese mundo y nuestro mundo, intentan estrechar lazos mediante empatía y hacernos ver que nada es lo que parece, que existe una cierta “expresión fantasma” en el mundo artístico.
Nada es lo que parece.
Mediante el anamorfismo de una calavera que aparece en el cuadro de Hans Holbein, artista sobre el que se basa Elena, demuestro la afirmación. Esta técnica consiste en representar el objeto totalmente deformado si lo visualizamos de frente y que solamente lo podamos contemplar en su forma original si nos posicionamos en un lugar determinado. El arte "nos obliga”, de cierta manera, a tener que reflexionar sobre si lo que estamos viendo es lo que es o simplemente es lo que aparenta ser.
Es una interconexión de técnicas muy variadas y que tienen el hilo conductor de la percepción y del cuadro de “Los Embajadores”, de Hans Holbein.


