Inaugurada el 9 de abril y titulada Estricta observancia, con prólogo de su hijo Galo Abraín enfocado desde un ángulo literario que alude a la obra desde canales indirectos, la muy abarcadora exposición de Sergio Abraín ocupa ambas salas con dos enfoques pictóricos de variada índole. Todos los cuadros se titulan Emisor con el correspondiente número. Aunque algún cuadro se expuso en Bantierra, Zaragoza, la mayoría están fechados en 2014 y 2015.
En la segunda sala, de menor tamaño, tenemos desde un cuadro gran formato con un mono y un desnudo masculino decapitado que posa la mano sobre la calavera de un animal, hasta obras con incorporación de dispares materiales para crear dispares atmósferas, incluso en los collages Emisor XXII y XXIII, sin olvidar un sugerente desnudo femenino marca de la casa por la exquisita sensualidad y dos obras muy atractivas con proliferación de sus típicas bandas en grises, negros y platas.
En la primera sala, de mayor tamaño, tenemos cuadros de mayor formato con su muy escasa matérica, tan característica, como consecuencia de la técnica usada, diversas pistolas mediante compresor, y el muy refinado uso del color que impregna el entorno con exclamativas sensaciones, así como las típicas bandas en grises, platas y negros que trastocan el resto del cuadro para enriquecer su totalidad. Estamos ante cambiantes abstracciones geométricas móviles, muchas destacando sobre los fondos, que trazan una especie de circuitos y un alto número de obras que son lo que se entiende como el cuadro dentro del cuadro, todo lo cual ofrece una idea sobre su complejidad formal. A sumar el también fascinante Emisor V, con sugestivo espacio, una extraña forma que vuela y un desnudo femenino de pie en inverosímil posición, como si fuera un ejercicio de gimnasia, que ubica en un rectángulo para acotarlo con el resto de la composición. Exposición con una obra más que madura, sólida, personal. El Abraín de siempre.
Diego Aznar, en la sala mayor, y Juan Carlos Callejas, en la menor, inauguraron el 7 de mayo, de manera que forman un circuito figurativo y otro abstracto.
Diego Aznar, con exposición titulada De lo no fingido, como vínculo entre el sueño y la muerte, es un pintor turolense nacido en 1985 y Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Valencia. La serie Encuentro de Hipnos y tanatos está formada por siete óleos de pequeño formato y un rostro por obra con los ojos cerrados. La serie Insomnio, 12 cuadros de pequeño formato, se basa en una figura masculina por obra dentro de una habitación y en dispares posturas para mostrar el insomnio. También tenemos seis cuadros de mediano y gran formato con tres figuras femeninas, una por cuadro, que duermen, un cuadro con un varón y una mujer durmiendo y dos con un varón despierto y otro durmiendo. La exposición se remata con dos cuadros de pequeño formato que titula Ausencia en lecho I y II, como es lógico sin presencia humana. Exposición con muy buen dominio técnico y sentido del color, siempre en su sitio, con una línea temática que vemos como una especie de reto. No sé. Quizá sería conveniente pintar sin tanta premeditación temática como si fuera una especie de recorrido con final neutro. Algo saldrá desde una mayor libertad.
Juan Carlos Callejas titula su exposición Entre el cielo y la tierra, 20 aniversario, pues lleva 20 años como pintor, lo cual significa que ha expuesto una pequeña retrospectiva para captar, dentro de lo posible, su diáfana evolución pictórica. Nos parece, sin más, muy entrañable. En principio tenemos seis óleos sobre papel que titula Retrospectiva, con obras desde 1995 hasta 2004. También incorpora una escultura, muy bien resuelta, de hormigón patinado en rojizo con irregularidades para mostrar la riqueza de texturas, en el ámbito de una fuerte abstracción geométrica con impecable juego de entrantes y salientes. Expresionismo vital de hondas raíces vinculadas con la condición humana. Los once lienzos de 2015, se caracterizan por las ricas y cambiantes texturas al servicio de unos colores que según el dominante todo adquiere una gran fuerza expresiva, profunda, enigmática, ni digamos cuando añade el negro. A sumar planos irregulares, incluso dos paralelos a la base, de manera que el conjunto de lo pintado, incluyendo los colores, posibilita dispares espacios por intensos y diáfanos. Cuadros de gran entidad, muy con el perfil temático de la escultura, que ofrecen la precisa medida de un pintor hacia adelante.
Andre Martus, Alemania, 1961, vive en Barcelona desde hace 30 años. Durante la inauguración presentó un espléndido libro con reproducción de cuadros suyos que fue desplegando por el suelo. Libro titulado Falta branco / nao falta branco, del proyecto Zavial de Andre Martus y Dália Dias. Exposición formada por esculturas y cuadros, que respiran la misma línea expresionista.
Seis esculturas son suficientes para mostrar su capacidad para manejar el volumen. Tres son filiformes con cambiantes ángulos para enriquecer su visón total y tres recogidas con escasa altura que son como una explosión que abre el metal. En cuanto a los cuadros, de mayor o menor formato, incluso collages muy exquisitos, cabe sugerir que usa el fondo neutro como gran espacio para incorporar dispares moteados que son una especie de restos viajando por el universo tras la gran explosión de rojos incandescentes y negros mortales. Podríamos sugerir que apela al hombre con sus dosis dramáticas, pero nos atrae mucho más pensar que refleja la infinitud mediante aquella gran explosión y los restos, con la milagrosa agua, capaces de crear nuevas vidas como en la Tierra. Radical sinceridad sin fisuras.


