Un creador, que respira autenticidad, sin fisuras, como José Manuel Ruiz Montserrat, necesitaba una publicación que aunara toda su amplia producción, que no sólo abarca la pintura y escultura, sino que se diluye en cambiantes parámetros, como son la poesía y el relato. Quizás no muy conocido, fuera del ámbito artístico zaragozano, Manuel Pérez-Lizano, ha sabido aunar y completar, en su libro Realidad soñada. Pintura, Escultura, Poesía, Relato: 1953-2014, toda la síntesis del artista. Dividida en cuatro grandes bloques, que culminan con una bibliografía general, y una especie de “catálogo”, de obra pictórica seleccionada, que va desde el año 1969, hasta el presente más inmediato.
La línea artística, que define la trayectoria de Ruiz Montserrat, es el neosurrealismo mediante altas dosis de imaginación y cambiantes temas. Como afirma Pérez-Lizano: “Ruíz Montserrat no aprecia el arte abstracto, a pesar de su transcendencia, incluso su positiva ruptura con el ámbito figurativo, ni digamos su muy marcado vínculo con la ciencia cuando se trata de abstracción geométrica y con la arquitectura mediante numerosos edificios que son extraordinarias esculturas abstractas geométricas”. Dentro del capítulo artístico, destacaremos la crítica de arte, siempre interesante para cualquier investigador, o estudioso del arte. De todo lo aparecido, en la prensa escrita, nos quedamos con una breve pero interesante síntesis artística de la desaparecida crítica de arte, Mercedes Marina: “Recoge de Oriente la tradición que se apoya en la riqueza iconográfica, en la que cada elemento tiene su significado, y deja de lado la faceta ascética en la que el lienzo desnudo rompe su silencio por un signo, un trazo”. Y esta otra, de Héctor López: “El principal logro de José Manuel Ruiz Montserrat consiste en trasladar su propio medio de entender la espiritualidad con un lenguaje sencillo y reconocible, no siempre grato, pero eminentemente simbólico y bien definido”.
En cuanto a la escultura, como en su otra ineludible pasión, la poesía. Ruiz Montserrat, las aborda, dentro de una impecable unidad: Figurativa y abstracta. De ahí que afirme el autor del libro: “Dos formas de expresión que plantean los mismos enfoques temáticos desde parámetros técnicos diferentes, aunque es cierto que como pintor aborda temas nunca pensados en sus poemas, como pueden ser las fascinantes transformaciones de algunas figuras y los homenajes a varios pintores. Sus poemas ahí quedan, siempre volcándose con radical sinceridad y claridad”.
Un libro correcto, que recupera a un artista esencial, del panorama zaragozano. Como afirma el poeta Ángel Guinda, en el prólogo del libro: “Su voz se cimenta en la paz del silencio para que hable el misterio que divinice lo humano”.


