La editorial milanesa Mimesis ha tenido a bien poner en marcha una colección entorno al tema del silencio en la que colaboran reconocidos ensayistas italianos de diversos campos intelectuales y artísticos. El número 15 de esta colección bajo rúbrica I paesaggi del Silenzio (2014) lo firma el citado autor boloñés Raffaele Milani. Conocido en el ámbito hispanohablante por la magnífica traducción que Carmen Rodríguez Gutiérrez realizó en el 2008 para Biblioteca Nueva del célebre L´arte del paesaggio (2001) bajo cuidada supervisión de Federico L. Silvestre, Milani ha ido cobrando cada vez más protagonismo en nuestro país como imprescindible teórico del paisaje. Esta última entrega versa sobre lo que el autor, con acierto, denomina, como ignotos “paisajes del silencio”. Se incide en las propiedades místicas, curativas y pacificantes del silencio y sus potencialidades estésicas a la hora de comulgar con el paisaje. Se trata de un acto estético pero también terapéutico y contemplativo. El silencio aflora aquí como eficaz viático para la comunión mística con el entorno que nos circunda. “Quien ama el paisaje, desea el silencio” (6) sentencia Milani. La predisposición del ánimo al acto silencioso facilita la permeabilidad totalizadora de la experiencia paisajera. No hay sitio aquí para los enajenantes y “ruidosos” paisajes virtuales. Se trata de una concepción romántica del paisaje y la naturaleza: “Quien pasea, solitario, recreándose en el placer de la contemplación de la naturaleza circundante se reencuentra protagonista de una visión absoluta” (9). Las remisiones a Rosseau, Emerson, y Thoreau resultan aquí ineludibles. También se abordan las capacidades comunicativas de la naturaleza, ahondando en su capacidad dialogadora “mediante una organización de datos materiales y simbólicos que asemejan a una lengua, pero sin palabras, muda” (17). Enlazando con ese schlegeliano lenguaje secreto de la naturaleza y que Milani denomina como “escritura cifrada de la naturaleza”, emulsionan infinitas referencias al caso de esta mística de revelación gramatical. Por alusiones Worsdsworth, Rilke, Shiller, Novalis o Van Gogh, son interpelados a dar respuestas. En base a estas premisas se revisan conceptos inherentes a la historia del paisaje como el Genius loci, paisajes bióticos, abióticos y antrópicos -que Milani denomina “ambientes espontáneos y ambientes humanizados” (29), “jardines históricos” y “jardines improvisados” (31)-, y el abordaje somero de preteridas categorías estéticas: lo pintoresco, lo sublime… El propósito último, estriba en esa comunión salvífica de la persona con el paisaje: “El silencio, esto buscamos, sólo el silencio nos satisface, un silencio hecho de recogimiento y oración del vacío, un silencio antiguo, una pausa en los confines del futuro”.


