Ignacio Fortún ha expuesto Los nadadores en la galería A del Arte de Zaragoza, entre el 11 de febrero y el pasado 13 de marzo. El tema es el agua como refugio, sanación, vía de retorno al origen, a la naturaleza. La idea surge a partir de la práctica de la natación por el artista, los escenarios van a ser piscinas. Y junto a ellas, la añoranza de un paisaje descubierto en Asturias, donde las vacas están presentes, son un icono, y a la vez la cercanía de las vacas en el paisaje, la montaña y el mar, y esa forma de estar ajenas a lo que ocurre a su alrededor. Para el autor es descubrir un paraíso, se trata de una ensoñación, un viaje por el agua hacia otro paraíso, hacia otro lugar.
Esa visión de paz la traslada al hecho de sumergirse en el agua, en esa cápsula en la que parece que el tiempo se detiene, en la que, aunque sea por unos instantes, nos rodea la casi oscuridad y el total silencio, a la manera de un apacible cobijo, en este sentido queremos encontrar paralelismos con la instalación Crisálida presentada por Fortún hace unos años en el espacio Tránsito del Centro de Historias de Zaragoza.
Uniendo estos dos mundos tan diferentes, dominados por el agua, convierte a las vacas en el vehículo para iniciar ese viaje hacia otro paraíso, vacas que conducen en sus lomos a los nadadores, que les indican el camino, que los guían hacia otros horizontes, las vemos en lo que parece un paseo marítimo de un típico e impersonal lugar de vacaciones, vacas que los introducen en el mar, vacas que les despiden…
Descubrimos paisajes urbanos, bucólicos, agrestes, enigmáticos… se trata de un relato abierto que, dependiendo del espectador, puede tener diversas lecturas. Encontramos piscinas al aire libre, piscinas en las azoteas y piscinas cubiertas con grandes ventanales desde los que podemos ver vacas, ellas vienen a buscarnos y miran el interior.
Vemos un vestuario compartido por diversas personas sin relación entre ellas, están próximas pero extrañas, aquí encontramos correspondencia con la obra de su exposición Tránsito, en la que recreaba sórdidos ambientes de viajeros somnolientos, de salas de espera donde se juntan extraños arrastrando sus historias, exposición anterior a Rural necesario, caracterizada por la ausencia total de la figura humana. En Los nadadores el autor siente la necesidad de retomar al hombre, y comienza con Vestuario, un cuadro considerable con varias figuras. Como en la novela de Joaquín Pérez Azaústre Los nadadores, la piscina a veces se nos representa como un espacio social, en el que las personas se relacionan entre sí tangencialmente, cada una nada por su calle, el hombre está solo.
Piscinas realizadas en ocasiones con extrañas perspectivas aéreas, consiguiendo estéticas composiciones lineales. Otras, en la azotea de un edificio, recordando sus planteamientos urbanos de momentos anteriores, pero en otro sentido, parece buscar una salida, una puerta a la ciudad, dejando un espacio al vacío, un abismo al mar o a la nada.
Fortún ha sustituido los corderos de su obra anterior por las vacas, con distinta simbología, el cordero era el paradigma de la vida rural, los últimos vestigios, casi los últimos habitantes, podemos decir que es una imagen de lo cotidiano, si bien en Rural necesario había una vaca, sólo una, en una obra titulada El último habitante, el animal estaba en unas ruinas de lo que parecía ser un pueblo abandonado. Las vacas, también ligadas al medio rural, aquí tienen otra función, son una ensoñación, vienen a buscar al hombre, a marcarle el camino, lo acompañan y despiden, casi se les dota del carácter sagrado que les atribuye el hinduismo. Tendremos que buscar en esta exposición el elemento que será el germen de la próxima, el hilo conductor que une las obras de un artista.
Realmente no se trata de un viaje iniciático, a la manera de El ríode Renoir, aunque hay alguna obra que nos puede evocar aquella película, como Tocando el agua, en la que un niño desnudo, acuclillado en la orilla toca el agua, próximo a un grupo de vacas en diversas actitudes, transmitiéndonos sosiego e inocencia, la vuelta a la naturaleza.
Los nadadores van en busca de otra ciudad donde desarrollar otra civilización, utópica, que parecen haber encontrado en La ciudad de los nadadores, construcción destartalada a modo de atalaya que nos recuerda ligeramente a los grabados de Piranesi, o a las construcciones de los robinsones, alejadas en altura del suelo para protegerse.
A veces sorprendemos a los nadadores contemplando el paisaje, La bañista, con la vista perdida en el horizonte, quizás tratando de encontrar el camino, omirandoa través de la cristalera de la piscina, soñando con un paraíso.
El artista ha trabajado libremente, no sujeto a un guión cerrado, sin que la historia le condicionara, dejándose llevar por golpes de imágenes, sin seguir un orden de inicio o final de viaje, de piscinas, bosques, ríos, desiertos, montañaso mares. Aunque podemos decir que la piscina es el prólogo donde se inicia toda la historia, ya partir de ahí al artista se le planteaba cierta incertidumbre que le servía de aliciente, una inseguridad positiva, que le aportaba cierta tensión, realmente era una aventura, iba creando escenas sin saber cuál iba a ser el resultado final, el relato le llevaba, tomaba vida propia. Igual que cada cuadro adquiere personalidad, se vuelve adulto, fuera del estudio. Porque el taller es un espacio que tiene un magnetismo extraño, tiene una gran carga, podríamos decir que está viciado, los cuadros están al límite, precisan salir de él para expresarse libremente, dejar de ser un poco de su autor para ser más independientes.
Los paisajes nos pueden recordar los de épocas anteriores, Desiertos, Ceniza húmeda, Perfil del agua, y evocan paisajes muy cercanos que podemos ver en Zaragoza, Huesca, la Hoya, o en Almería. Si nos olvidamos del mar, es la estepa desértica de la península, algunas obras nos pueden recordar a los prados de Asturias, pero es sólo un detonante, porque a partir de ahí traza un paisaje imaginario, puede ser un paisaje de montaña, acantilados, una conjugación de recuerdos, pero no es la imagen de un paraíso, así Senda de los nadadores muestra un campo lleno de cardos, donde a fuerza de pasar una y otra vez han ido abriendo un camino en el que, a lo lejos, cerca del mar, les espera una vaca. No se trata de ningún paisaje en concreto, sino de la evocación de muchos, por lo que a cada espectador le sugiere distintos lugares según sus vivencias.
Hay un cuadro que produce extrañeza, provoca una sonrisa, podría parecer un desfile de circo, vacas que llevan a cuestas a los nadadores, los conducen por un paseo marítimo con palmeras, avanzando hacia el mar, dejando patente el abandono de lo que supone la civilización, altos edificios, terrazas, chiringuitos, caminan hacia otro horizonte, otra civilización, al origen.
Una enigmática mujer flotando en el agua parece diluirse en ella, convertirse ella misma poco a poco en agua, en un estado de calma y relajación, finalmente perderá su fisicidad para convertirse en un único elemento, formar parte del colectivo universal, otra forma de retorno al inicio.
El soporte que viene utilizando Fortún desde hace ya algunos años es el metal, zinc o aluminio, empleados en función del tamaño del cuadro, emplea aluminio para cuadros de mayor dimensión, simplemente en función del tamaño de las planchas suministradas, y el zinc lo destina a formatos más pequeños. Se encuentra igualmente cómodo con los dos soportes, a los que aplica sosa caústica diluida en mayor o menor cantidad de agua según el efecto mordiente que desea conseguir.
El colorido aplicado es pigmento, en la exposición dominan distintos matices de azul, un azul casi transparente que se diluye con el metal para conseguir ese efecto de agua, otras veces el aguaesrepresentada por el propio color del metal. También encontramos bastante representado el color verde en vegetación y agua, como En el bosque, el nadador es aquí apenas un punto de luz que da movimiento. En otras obras existe un juego de dos colores que actúan casi como complementarios, un azul más intenso y un ámbar o rosáceo, con pintura consigue los efectos de luz que en la exposición El cuadro mudable realizaba con la aplicación de las luces sobre el metal.
El reflejo de la luz sobre el metal y el movimiento del espectador delante del cuadro hacen que este mude, de una forma sutil, romántica, casi mágica, aunque de diferente manera a la conseguida con la aplicación de focos de color.
También pudimos apreciar el efecto más intenso de los focos de color sobre Los Nadadores, en la misma galería, en la intervención Hacia la Noche, que nos ofreció el artista el día 27 de febrero, acompañado de la violonchelista Dolos Miravete, que interpretó pequeñas piezas de varios compositores, entre ellos Sibelius. Estos focos de color crean una atmósfera nocturna o seminocturna, de anochecer o incluso amanecer, en función de la luz aplicada. Intervención parecida a la realizada en Remolinos, en el espacio Enlatamus, allí había tres obras acompañadas de una canción de Vivaldi, el espectador quedaba encerrado durante el tiempo que duraba la pieza, la intención era obligarse a mirar las obras, romper con la dinámica de pasar de largo por delante de ellas, contemplarlas con detenimiento, intercomunicarse.
En Hacia la noche se crea un ambiente más íntimo, con la confluencia de luces azules y violáceas, que proyecta solo sobre algunas obras, pero la calidad metálica de los soportes consigue que estas luces se vayan reflejando también en las obras no iluminadas. El espectador en su movimiento interactúa con las luces, consiguiendo que la obra se vaya transformando. El ambiente sosegado y mágico creado con luces y música hace que el artista cumpla su intención, la contemplación detenida y gozosa de la obra por el espectador.
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| Nadadora. mixt. zinc. 40 x 40 | En el bosque. mixt .zinc. 40 x 40 |




