En la galería Cristina Marín, 20 de noviembre al 17 de diciembre, se muestran los cuadros de Alfredo Cabañuz, nacido en Villanueva de Sigena (Huesca) el año 1957. Miembro fundador del grupo Trece, fundado en ¿1984? e integrado, además, por artistas de tanto nivel como Santiago Arranz, Miguel Ángel Arrudi y Alberto Carrera Blecua.
La obra de Alfredo Cabañuz, desconocida para nosotros, se basa en óleo sobre lino y comprende desde 2005 a 2010. El artista la define como arte modular, lo que es, y la ve como figurativa, si nos atenemos a que el cuadrado y el rectángulo, por citar dos ejemplos de formas en sus obras, son formas figurativas. Estamos, para entendernos, ante abstracciones geométricas, pues si siguiéramos su criterio los cuadros de José María Yturalde, valga el caso, serían cuadros figurativos, aunque la definición exacta es abstracciones geométricas dentro de las definidas, hasta en libros de científicos, como figuras imposibles o los cuadros de Joseph Albers, valga el caso, también serían cuadros figurativos porque siempre son el cuadrado sobre el cuadrado, aunque lo correcto es definirlos como abstracciones geométricas. El caso es que estamos ante un pintor con un alto cuerpo teórico aplicado a sus cuadros.
Nos gusta mucho que en el interior de las formas geométricas se detecta la sutil pincelada mediante cierto grosor matérico, lo cual contrasta con la rigurosidad geométrica. Si en 2003 quería estudiar el Módulo de Cartabón, mitad verde, mitad blanco, en sus cuadros tenemos el rectángulo con cuadrados, unos enteros y otros sugeridos porque se salen del rectángulo, una preciosa e imaginativa espiral hecha sin curva o cuadrados dentro de cuadrados, como Joseph Albers pero desde criterios cromáticos muy diferentes. Estamos ante una muy marcada imaginación al servicio de la línea.
El pintor nos comentó que las obras expuestas comprenden desde 2005 hasta 2010 porque está en una nueva línea que desea profundizar. No obstante, a título de información, había algún cuadro suyo con el cambio en la oficina de la galería, con múltiples obras de otros artistas. De lo visto sobre su nueva línea pictórica cabe indicar que en un cuadro enfatizaba en la geometría de Euclides. Esperamos al artista en la próxima exposición y tendrá una crítica nuestra desde criterios científicos.
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En la galería Cristina Marín, 23 de octubre al 18 de noviembre, se inauguró la exposición Materia oscura. Artista muy importante sobre el que conviene ofrecer algunos datos para que el lector tenga las ideas claras mediante varios puntos de referencia. Miguel Galanda nace en Caspe (Zaragoza) el 27 de septiembre de 1951. Licenciado en Filosofía Pura por la Universidad Central de Barcelona, título que, como artista, es una absoluta rareza, estudia Bellas Artes en la Universidad de San Jorge de Barcelona. Desde hace años vive en Madrid. Para más datos véase nuestra voz en la Gran Enciclopedia Aragonesa, 25 Aniversario, Zaragoza, 2007. Seducidos por su obra, algo más que justificado, hace varios años que visitamos su estudio en Madrid.
Pero el cambio en su obra, como pronto se verá, es radical. Antes nos detenemos en una excepcional escultura, de muy notable dimensión, que tiene su réplica en un cuadro de menor tamaño pero con la figura vista de perfil. La escultura se titula Sal. Los materiales son hierro para la estructura interna y con posteridad añade fibra de vidrio, yeso, trapos, cuerda, cera, pigmentos y óleo. Su aspecto externo es un cuerpo atado por la cuerda y el color es del yeso. Estamos ante una figura humana que vista de perfil esta medio doblada y con la cabeza inclinada como signo de humillación, ni digamos añadiendo la cuerda que rodea todo el cuerpo. Queda evidente que es una marcada crítica a la falta de libertad en su más amplio significado desde la absoluta creatividad. Impactante por su aspecto formal, tamaño, significado y generalizada fuerza. Como un resumen de tanta canallada inmersa en numerosos países.
Afirmábamos sobre el cambio en su obra sobre pared, pues estamos ante su muy última línea artística. Si antes usaba lienzo ahora el soporte es tela metálica, a la que incorpora, cera, pigmentos y óleo, de manera que los cuadraditos de la tela metálica se dejan ver en gran parte como si fuera un elemento más pintado, aunque sepamos que no es así. Estamos ante ocho obras independientes y un conjunto de 12 obras que son como un montaje temático, de modo que en el centro está representado el diablo vestido con un traje de rombos y un sombrero triangular. En el conjunto, tan inmóvil, hay tres figuras femeninas, una de rostro armónico y enigmático. Figuras, incluyendo las masculinas, que giran en torno a la principal, el diablo, como si vivieran a la espera de anómalos y peligrosos acontecimientos. Las restantes obras, siempre una como representación individual, son figuras masculinas y femeninas, siempre de pie y en dispares posturas. Con predominio de los colores negros, a destacar su variedad formal. El conjunto manifiesta la eterna condición humana. El último cuadro, sin título, es apaisado. Predomina el perfil de formas geométricas en blanco, algunas evocando a edificios que contrastan con el expresionismo del negro y la tela metálica. Vemos, por tanto, que comienza la gran posibilidad de nuevos temas y formas.


