El espacio Arte Nazca ofrece la exposición Tripersonal, desde el 16 de julio, con dos enfoques muy diferentes, pues Francisco Javier Marco trata temas muy diferentes a los ofrecidos por Javier Navarro Chueca y el equipo Velásquez / Gómez, que se basan en el dolor humano.
Las excelentes infografías de Francisco Javier Marco, todas de 2014, consisten en rutilantes colores muy bien combinados y formas expresionistas con trasfondo geométrico o la combinación de ambos. Lo figurativo se sugiere, desde la afortunada lejanía, en obras como Tornado, con la indicación de un tornado mediante formas ovaladas concéntricas formando una espiral, Reflejos en el mar, con extraordinarios reflejos móviles, Pajaritos, a través de numerosas formas con pico que evocan a aves, y Caballitos, también como si fueran disimulados caballos. Abstracciones con lejanos resortes figurativos que se diluyen entre sí, pero existiendo ambos enfoques, para ofrecer máximas posibilidades visuales.
Su inclinación natural expresionista abstracta geométrica, que fluye por doquier cual incontenible fuerza invasora, se manifiesta en obras tipo Estás detrás, mezcla de áreas móviles y geometría, y Splash, máximo expresionismo ondulante como si fuera aquel azar sin control jamás pensado. Artista que tiene una feliz adherencia emergiendo de cada poro.
Sugeríamos que los restantes artistas exponen el dolor humano. El equipo formado por los escultores y pintores Velásquez / Gómez presenta la serie Alzheimer, de 2011, ejemplo de enfermedad canalla, hay tantas, mediante sugeridos perfiles humanos y abstracciones móviles, siempre dentro de dominantes colores apagados para sintonizar con el tema. No captamos que expongan obra de 2011 en el año 2014, pero deducimos que es algo muy personal. Serie lejos de su línea habitual.
Javier Navarro Chueca expone la serie Homenaje a mi padre, de 2013-2014, lo cual debió suponer para el artista un absoluto dolor, pues evocar tal pérdida, quizá una enfermedad incurable, supone el desgarro anclado mientras se realiza el conjunto de obras. Tal situación anímica determina que los cuadros expresionistas abstractos estén rotos, incluso el marco, siempre con cambiantes texturas para acompañar lo expresivo y alguna zona geométrica para atemperar la composición.


