Cuadros de Juan José Vera y Eugenia Ruiz

Exposición en la Sala CAI Luzán, del 5 de febrero al 12 de marzo, con prólogos que se complementan de Manuel Val Lerín, que traza una semblanza biográfica con algunos datos desconocidos por el público, y de Manuel García Guatas, que analiza la obra del pintor retrocediendo a pensamientos suyos desde 1964, cuando pertenecía al excepcional grupo Zaragoza singularizado por su empuje abstracto. García Guatas nos cita cuando escribíamos sobre el rostro navaja del pintor, tan afín a su pintura. En una reciente visita al estudio de Vera, cada 20 días más o menos, el pintor nos recordaba lo del rostro navaja y también cuando escribimos sobre la frescura de su obra, que se mantiene con 88 años ante la admiración de todos. El pintor quizá tenga un pacto natural con ese ángulo del cerebro que rige la conducta, pues dicha frescura se mantiene como artista y sobre temas muy dispares, entre los que está el arte y la actualidad social y política desde un voraz sentido crítico. Como artista da lo mismo el soporte: botellas, cajones de madera, papel para dibujos y collages, hemos vista infinidad y no ha fallado ni en uno, tela con la que limpia los pinceles, lienzo o los diversos materiales para las esculturas. Lo señalado mantiene las constantes vitales como si fueran hechas por un joven artista, cierto, pero al que todos vemos como un verdadero maestro.        

Los cuadros que expone, entre 2002 y 2013, son de gran formato, algo que le hacía mucha ilusión desde hace años. Estamos ante el eterno Vera de variadas texturas y de grandes y cambiantes planos que armoniza con absoluta naturalidad dentro de los contrastados colores, algunos dominantes pero nunca uno específico, que acota con trazos negros. Planos acotados que son como cárceles siempre liberadas. El cuadro Encuentros, de 2011, es un buen ejemplo del dominante blanco agredido por un trazo negro con gran sabiduría plástica. A sumar simbólicas cruces en algunos cuadros y palpitantes texturas posadas sobre el lienzo o la arpillera que usa en ocasiones. También es imprescindible comentar sobre la proliferación de espacios en cuadros específicos, como Al filo de la mañana, de 2011, y el muy sutil movimiento en el cuadro citado o en Pensamiento de otoño, de 2010. Lo señalado es la razón de tanta vitalidad acumulada que transpira una envidiable energía natural.

 

En la Sala CAI Barbasán, 27 de marzo al 22 de abril, se exponen las obras de Eugenia Ruiz, Zaragoza, 1958, que la teníamos medio en la lejanía, por el tiempo transcurrido, de cuando vimos un cuadro con las bicicletas como tema pictórico. Y bicicletas, junto con retratos, se pueden ver en su exposición. Numerosas bicicletas apoyadas entre sí en plena calle, en cualquier espacio urbano, que producen cierta extrañeza ante su irrealidad, pero que tienen un aire de verosimilitud. ¿Dónde estarán sus dueños? Uno se los imagina como si estuvieran desde un toque fantasmal. También se exponen varios retratos con el predomino de la figura en el centro del soporte. Retratos honestos, que no engañan, con la pincelada suelta y el variado color al servicio de cada personalidad.

Salas CAI-Luzán y CAI-Barbasán, Zaragoza

Número 26

Marzo 2014
Manuel PÉREZ-LIZANO FORNS
Presidente de AACA y Vicepresidente de AECA
Fecha de recepción: 31/3/14
Fecha de aceptación: 31/3/14
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