El taller para Picasso es el escenario donde el artista se mueve, el lugar donde vulnera las normas no escritas de la pintura, generando otros nuevos cánones de belleza. A través de los diversos talleres que tuvo el artista, retrata no solo su autobiografía, sino el escenario vital de su propia existencia. El taller no es solo un espacio de creación donde hace balance sobre sí mismo y su pintura, con temas que van desde el pintor y la modelo, la figura femenina, la pintura de historia, a la que él mismo pertenece, es también un lugar de encuentro, donde amigos y estudiosos participarán en el resultado del proceso creativo. Con esta premisa, y bajo el título Picasso en el taller, la Fundación Mapfre, nos ofrece a través de su Sala Recoletos, una sorprendente y a la vez difícil exposición reuniendo más de un centenar de obras del pintor malagueño, divididas en óleos, dibujos, grabados, fotografías y una decena de paletas, del propio artista, piezas provenientes de una treintena de prestigiosas colecciones tanto públicas como privadas.
El llamado “estilo Picasso”, no es más que la transmisión de emociones del propio artista, con el resultado de su trabajo, la obra de arte. Gran exponente de este periodo, será la obra La vida, de 1903. A partir de 1927, veremos como el tema del pintor y la modelo, nacerá como un nuevo género de obra. Picasso convertirá en “objetos vivos” sus pinturas, dibujos y grabados. Sólo de esta manera se pueden asimilar pinturas como El pintor y su modelo (1927), El estudio (1927-1928), Pintor y modelo (1928), Mujer con paleta y caballete (1928), y el Pintor en su taller (1928). El pintor es alfa y omega, principio y fin de su propia obra, incluso de sí mismo, por ello los dos autorretratos que abren y cierra la muestra, tienen esa carga de fuerza intemporal de espacio-tiempo.
Las fotografías inéditas que podemos apreciar en el presente catálogo, no hacen sino mostrarnos el batiburrillo diario de cuadros, esculturas, dibujos, marcos, caballetes, botes de pintura, pinceles. Esas fotos, nos muestran a un Picasso, en su taller, vivo, rápido y concentrado en su trabajo. Un universo en definitiva, creado a su imagen y semejanza, en donde se establece una comunicación entre lo agresivo, con lo bello, lo grotesco, con lo patético…etc…
La simple lectura de estas pinturas, como historias contadas por un artista serio, es un ejercicio de reflexión, de comparación incluso de estas, con otras pinturas de la producción del pintor. Involucrándonos como espectador en estas obras, es decir, estando dentro de la propia obra de arte, será una experiencia vivida por la fuerza que Picasso proyecta en cada una de sus obras. Mucho más allá de una impresión comercial o moderna que se tiene sobre sus pinturas, Picasso juega con la pintura y con el espectador que la contempla.
Picasso en el taller
Fundación Mapfre. Sala Recoletos. Madrid
12/02-11/05/2014


