Entrevista Eduardo Laborda, Gran Premio AACA 2013

Eduardo Laborda es un conversador inteligente. Nos recibe en su casa con el cariño y la amabilidad que le caracteriza, mientras que su compañera de siempre, la también pintora, Iris Lázaro, prepara un café y se marcha con la discreción que siempre hace gala. Las horas transcurren hablando de pintura y de cómo ha concebido la exposición retrospectiva por la que ha recibido el gran premio  AACA, que tuvo lugar en el espacio municipal de La Lonja de Zaragoza. Pero dialogar con Eduardo Laborda es bucear en la historia reciente de su ciudad con la preparación de su nuevo libro centrado en la Zaragoza de los años 50, que aborda como un “guión cinematográfico”. Eduardo Laborda es un esteta, busca la belleza en los objetos que le rodean, pero también un investigador que le lleva a redescubrir personajes como realizador de cine amateur. Su modestia sólo es comparable a la magnificencia de su obra.

Que ha significado para un artista que ha recibido tantos reconocimientos a lo largo de su trayectoria, el gran premio AACA

Lo primero sorpresa y lo segundo ilusión. Como expliqué al recibir el premio, hacia  cuarenta y un años que no recibía una distinción de mi ciudad, desde el Premio Mariano Barbasán en 1972. Para mí ha sido muy importante, sobre todo viniendo de los críticos.

¿Cómo se plantea una exposición retrospectiva que abarca desde 1972 a 2013?

Con mucho tiempo de antelación. Al principio tuve dudas y pensé en incluir mis primeras obras de juventud como la vista de la calle Santander donde vivía o el cuadro de mi dormitorio de influencia más academicista, pero renuncié a esta idea ya que preferí mostrar las obras a partir de cuándo considero que ya tengo perfilado un estilo propio. Mis paisajes de 1973 con rasgos cubistas que rinden homenaje a mis maestros, los pintores a los que admiraba en ese momento, como Marín Bagües o Berdejo.

Una de las sorpresas de la exposición fue su etapa abstracta.

Son obras muy elaboradas con un estudio muy importante de la luz, que era fundamental que estuvieran presentes en la exposición retrospectiva, para ver mi evolución. Una de las premisas que tenía muy claras era que debía verse con nitidez como había evolucionado, una lectura visual en el tiempo sin interrupciones. Soy un artista que busco estilos definidos. Así deben de concebirse este tipo de muestras.

Otro aspecto importante de la exposición era su interés en potenciar lo que denomina su “época figurativa”.

Soy un escultor frustrado. Empecé haciendo volumen, pero me di cuenta que ese no era mi camino, sin embargo he querido que la exposición comenzará con la escultura en terracota “Maternidad” de 1972, para que el público conociera mis inicios y comprendiera como la escultura está presente en mi pintura. Sobre todo en la serie de alegorías en las que las esculturas urbanas se convierten en las protagonistas de la composición de la ciudad. Por cierto, que a raíz de estas obras, me salieron seguidores que copiaron mi idea. Pero la concepción del volumen en mis cuadros también está presente en la forma en que concibo los edificios, la arquitectura industrial o la visión personal de la historia en las ruinas de Belchite.

Un apartado muy interesante de la exposición y en que trabaja desde 2001 es el desnudo.

Era mi asignatura pendiente. Como pintor pensaba que debía enfrentarme al desnudo como los clásicos, y he descubierto que me encuentro muy a gusto. Mi primera obra fue "Demeter. Ecce Mulier" de 2001, en la que la modelo era Iris Lázaro. Poco a poco he ido avanzando hasta despojar a la figura femenina de los fondos y trabajar sobre las carnaciones. Es más mi próxima exposición dentro de tres o cuatro años en Madrid o Barcelona será sólo de desnudos.

La exposición de La Lonja de Zaragoza, se cierra con una selección de dibujos.

Quería acabar con lo más íntimo. La exposición es como una gran escenografía, que comienza con las obras más entrañables vinculadas a mis inicios y va en crecendo, con cuadros espectaculares por su tamaño y composición, y al final es como si se apagase la luz, se bajara el telón y quedara lo íntimo. Todas las personas que aparecen retratadas son muy cercanas. Además la exposición se cierra con un dibujo de mi madre, a quien va dedicada la exposición. Es cerrar el círculo que se abre con la escultura “Maternidad”. Todo estaba muy pensado.

Eduardo Laborda, no es un pintor que se prodigue mucho en exposiciones.

Soy partidario de exponer poco, porque no hay que aburrir a la gente. A lo largo de mi vida he participado en muchas exposiciones colectivas, pero sólo he realizado unas veinticuatro individuales. La razón es que mi pintura es muy elaborada y me resultaría imposible hacer una exposición al año o cada dos, como hacen otros artistas. Además mi obra está en manos de coleccionistas, prueba de ello es la exposición retrospectiva de La Lonja. Los maestros clásicos hacían pocas exposiciones en su vida y es que el procedimiento es el que manda.

Como ve Eduardo Laborda el momento actual en el arte.

El verdadero problema es la crisis social. El mercado del arte está mal debido a la crisis económica, pero el auténtico problema que subsistirá  después, es que el coleccionista actual tiene más de 50 años. Antes había una clase media de personas que con 35 años adquiría obra e iba haciendo su colección particular. Ahora lo que le interesa es el espectáculo, no la cultura. Además la burbuja oficial ha estallado. Antes había una estructura privada de galerías y ahora no hay nada. En los años 70 de cada diez espacios expositivos, siete eran particulares y tres públicos. En los años 90 se cambió la estadística y ahora que ha explotado la burbuja cultural, todo se ha venido abajo. Las galerías hacían una importante labor educativa, ya que las personas que estaban al frente atendían al visitante. Ahora esa función cercana se ha perdido en la impersonalidad del funcionariado.

Eduardo Laborda reniega de la palabra coleccionista y se define como fetichista.

Soy un acaparador de objetos que me seducen. Surge una especie de enamoramiento.

Con especial cariño me muestra su última adquisición. Un maniquí  de cera perteneciente a la tienda La Casa Blanca de la calle Alfonso.

Es mi última adquisición y  aparecerá en una de mis próximas obras.

La conversación  declina hacia el proyecto al que ahora dedica más horas. Su próxima publicación.

Aún no tiene título, pero será un libro muy visual, como un guión cinematográfico.  Mezcla la ficción con datos y personajes reales y, espero que esté acabado a final de año. Abordará la Zaragoza de los años 50 en el entorno del Paseo de la Independencia y la calle Alfonso. Quiero poner de relieve la importancia en esos años de los decoradores de establecimientos, los escaparatistas o los dibujantes de rótulos, entradas para espectáculos… Fue una década en la que Zaragoza estaba muy influenciada por los norteamericanos que venían a la ciudad por la base aérea. Un ámbito que conozco bien ya que mi hermana trabajó en la Base y se casó con un norteamericano.

Eduardo Laborda me enseña donde recopila la información y los folios que tiene ya escritos. Es un amanuense, no tiene ordenador, porque disfruta escribiendo sobre el blanco del papel. Para él el tiempo es un aliado, nunca un factor de sumisión.

Número 26

Marzo 2014
Desirèe ORÚS
Vicepresidenta de AACA, miembro de AECA y AICA
Fecha de recepción: 19/3/14
Fecha de aceptación: 20/3/14
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