Bakelanasland.

El caso es que, de vez en cuando, te acercas hasta la Calle de Las Armas, compras algún libro y encuentras, de paso, una muestra interesante. Los espacios creativos del barrio de San Pablo, son una de las mejores iniciativas que se han desarrollado en Zaragoza. Tienen un aire que recuerda al Madrid de Malasaña o a algunas calles del Born barcelonés. Poco a poco, se van integrando en la vida de la ciudad, como una zona alternativa donde poder concebir iniciativas interesantes. La programación de El armadillo ilustrado o de LASALA, son buenos ejemplos. No se deja al margen ningún tipo de propuesta y, entre las de artistas noveles, podemos localizar algunas muestras originales: el universo creado por Juan Carlos Paz, Bakea, es un total desvarío.

No es que eso sea una novedad. Para eso hablamos de arte: la creación de universos propios y la autoexploración personal, es algo inherente a la palabra desde su propio surgimiento (naciera cuando naciera). Y plasmarlo con un toque surrealista (signifique lo que signifique últimamente el término/palabra/concepto/corriente) también entra dentro de lo común. Quizás, lo más interesante sean las referencias con las que se edifica, a nivel plástico más que conceptual: todo un canto de cisne a los mundos oníricos que traen en las últimas décadas, entre otras manifestaciones, los dibujos animados.

Las Supernenas, El laboratorio de Dexter, Agallas el perro cobarde u Hora de aventuras son buenos ejemplos de los ecosistemas que pueden concebir un puñado de guionistas motivados. Con cargas estrambóticas, que recuerdan al videoclip de Yellow Submarine de los Beatles (homenajeados, por cierto y no por nada, en el capítulo de Las Supernenas Meet the Beat-Alls), y un toque entre ácido y negro que plasma perfectamente Bakea (la oveja que defeca arcoíris es magníficamente repulsiva). La combinación de distintas técnicas para resaltar a la figura, recuerda a El asombroso mundo de Gumball. Aunque quizás eso sea ir demasiado lejos. Digamos, simplemente, que el cromatismo (estilo Pixar, aunque el vínculo sea obvio y fácil) tiene un papel absoluto para su comprensión, saltando de los colores pastel a marrones y negros en un parpadeo. 

Hacer esculturas con ello es un verdadero acierto (¿Se imagina el lector al protagonista de Monstruos SA en bulto redondo?). La peor parte se la lleva el formato de las ilustraciones, que resultarían más impresionantes si tuvieran un tamaño mayor. Sin embargo, se entiende la intención del artista con ello. Hay que reconocer que las hace más fáciles de reproducir.

En todo caso, y al margen de los vínculos que nos pueda sugerir, el universo es tan arriesgado como personal. Totalmente propio. Original y único. Y por eso merece mucho la pena acercarse a la obra de Bakea. Hace soñar al espectador, comparte algo con él y, sobre todo, lo divierte. Para eso es arte. Aunque no tenga sentido.

Ya saben, como reza la traducción al español de la apertura: “hora de aventuras llegó…”

LASALA, Espacio de Arte, Zaragoza

Número 25

Marzo 2014
Julio Andrés GRACIA LANA
Doctorando en Universidad de Zaragoza
Fecha de recepción: 29/12/13
Fecha de aceptación: 29/12/13
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