Speculum: María, espejo de la fe.

Esta exposición, que tiene lugar en los salones renacentistas del Palacio Arzobispal de Zaragoza, fue inaugurada el pasado 10 de octubre del 2013 por Mons. Jean Louis Bruguès, arzobispo Archivero y Bibliotecario de la Santa Sede, junto con el arzobispo de Zaragoza Mons. Manuel Ureña, y permanecerá abierta hasta el próximo 12 de enero del 2014.

En ella, y con ocasión de la clausura del Año de la Fe, se plantea, además de la evolución de la imagen de María en el arte, la historia de la devoción popular a la Virgen en tierras de Zaragoza.

La exposición está compuesta por dos partes diferentes y diferenciadas: La historia de María y María en la historia.

En la primera se recorre la vida de María (desde su nacimiento hasta su dormición) mediante una veintena de obras del arte gótico, renacentista, barroco y neoclásico. En ellas podemos contemplar cómo ha ido evolucionando la religiosidad mariana y el estrecho diálogo que se establece entre la fe, la cultura y el arte.

En la segunda parte se revive la importancia de María en la Historia de la Civilización, a través de las más notables imágenes románicas y góticas que han centrado la piedad popular de los pueblos y ciudades de esta diócesis.

Este importante conjunto de 47 obras (entre imágenes y tallas) reunidas para esta exposición, nos acerca a la dimensión cultual y cultural de los 18 lugares de los que proceden: Alcañiz, Zaragoza, Sobradiel, Daroca, Figueruelas, Fuentes de Ebro, Tauste, Gallocanta, Movera, Zuera, El Burgo de Ebro, Cariñena, Villarreal de Huerva, Villafeliche, Encinacorba, Ejea de los Caballeros, Longares y Pedrola.

Expografía: …espacio, aroma y luz

Tres cofres dorados, dispuestos en reflexionada aleatoriedad, se acomodan en el interior del Salón del Trono para albergar una colección de piezas únicas en un recorrido expositivo ordenado por estilos y acompasado en ritmo regular de luz y vacío, música y aroma, imágenes y textos…

Esa macla de volúmenes, cuyas paredes doradas se recortan limpias en la recargada arquitectura de plafones de yeso entre pilastras que decora los muros de la estancia, invade, sin llenar, el gran Salón de Palacio. La línea quebrada de su rafe se dibuja contra el plano del techo ligeramente iluminado.

Un cubo vacío pintado de negro por el exterior y suspendido de los muros dorados, alumbra, como un pozo de luz, la entrada. Es el punto más luminoso de la exposición, el que une el cielo con la tierra, el que nos inicia en el recorrido: la Anunciación. El jardín de María bajo unas ramas de sauce, unos lirios blancos iluminados cenitalmente y una frase: ese es su espacio.

Esos tres cofres de oro, unidos entre sí, y a los que se accede bajo ese cubo de luz, guardan en su interior los espacios cuya oscuridad custodia el resplandor de las imágenes expuestas. Tres espacios, tres tiempos, tres momentos del arte y un ritmo…

Caminamos.

Un texto nos introduce a cada uno de los pasillos previos a las salas. Pasillo oscuro, iniciático, iluminado tan sólo por una luz rasante tras un cortinaje que, sin llegar a tocar el suelo, cae de lo alto. Al final de ese pasillo, y mientras caminamos hacia ella, contemplamos la primera de las obras que, colocada estratégicamente como fondo de perspectiva, nos atrae de tal forma la atención que hace que descubramos, de golpe, mostrándose junto a nosotros, cada sala.

Un aroma nos traslada en el tiempo y nos conduce al interior de ese espacio en donde el oscuro vacío se llena de luz en cada una de las imágenes suspendidas en las negras ondas que envuelven sus paredes.

Presentadas al aire aparecen, en alto, cada una de las tallas expuestas.

No hay nada más que las obras y tú.

Una tenue luz que se cuela tangencialmente en el interior por uno de sus ángulos, nos indica el camino hacia la siguiente sala a través de un espacio de transición que insufla una bocanada de aire fresco en el recorrido. Bocanada tan amplia que rompe la pared de la macla dorada al ubicar una de las tallas fuera de sus muros, permitiendo al espectador atento, ubicarse de nuevo en el Salón del Trono.

Tras recorrer los tres cofres contemplado las joyas que atesoran, la imagen de Nª Sª del Pilar nos despide en un último fondo de perspectiva abierto al Ebro.

Museo Diocesano de Zaragoza (imagen de portada: Nuestra Señora de las Nieves, Tauste)

Número 25

Marzo 2014
Javier y Sonsoles BOROBIO
Arquitectos
Fecha de recepción: 28/12/13
Fecha de aceptación: 29/12/13
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