La gráfica, como arte popular, es la verdadera protagonista de la revisión de la obra de Posada expuesta en el IAACC Pablo Serrano de Zaragoza.[i] La muestra recoge un total de setenta y cuatro estampas procedentes de la colección de la Secretaría de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos Mexicanos, concretamente del acervo artístico de la Embajada de México en Alemania. Por otro lado, el proyecto expositivo nace con la voluntad itinerante de recorrer diversas capitales europeas, para conmemorar también a este lado del Atlántico el centenario de la muerte de José Guadalupe Posada (1852-1913). Así llega a nuestro país después de exponerse en ciudades como Berlín y Dublín.
La exposición se organiza en torno a tres apartados en los que se agrupan las diversas estampas: un primer grupo dedicado a la vida cotidiana, a continuación, algunas de las diversas publicaciones realizadas por el artista y, por último, una pequeña representación de las conocidas calaveras del autor. La muestra se inicia con una pequeña fotografía de Posada y el que fuera su único hijo, y da paso así al conjunto mayor de estampas, ese primero dedicado al día a día mexicano. Resulta en realidad una miscelánea artística en la que se encuentran diversidad de escenas, técnicas y composiciones, todas con el denominador común que supone la representación del entorno del artista, de su mundo cercano. Son, así, una excelente crónica histórica, social, cultural y moral de la época de Posada, y también un perfecto testimonio, relatado con gran acierto, de la vida cotidiana mexicana de las últimas décadas del siglo XIX y los primeros años del pasado siglo XX. Este primer conjunto de estampas, que llega a ser de cincuenta y dos, es la mejor carta de presentación de la capacidad artística y técnica de José Guadalupe Posada, que desde muy joven había demostrado habilidad para el dibujo, de manera que con apenas dieciocho años, y tras formarse en esa materia, había entrado a trabajar como aprendiz en el taller litográfico de José Trinidad Pedroza en su localidad natal, Aguascalientes. Por ello, también desde temprano en su biografía, pudo aprender las técnicas de grabado y estampación en las que llegaría a convertirse en un verdadero maestro. Hay que decir que la producción gráfica de Posada sería ingente a lo largo de su carrera y, a día de hoy, no se ha precisado el número de trabajos producidos, por lo que en ocasiones resulta complicado ordenarlos de manera cronológica. Pero más allá de precisiones en la datación, en la mayoría de los trabajos expuestos en esta cita podemos atisbar la trayectoria vital del artista, gracias a diferentes escenas, personajes o localizaciones, que constatan cómo desde Aguascalientes viajó junto a Pedroza en 1872 a León (Guanajuato), y allí permaneció hasta 1888, fecha en la que ya se había establecido por cuenta propia y en la que una terrible inundación en la localidad le llevó a trasladarse con su familia a la Ciudad de México, donde desde 1890 se asoció con el impresor Antonio Vanegas Arroyo, con el que trabajó hasta el final de sus días.
Como apuntábamos antes, este primer conjunto de obras dedicadas a la vida cotidiana supone el más variado en todos los sentidos, e incluye grabados realizados sobre metal, algunos de ellos estampados de manera tipográfica (en relieve), y también cincografías, técnica similar a la litografía en la que la matriz sobre la que se dibuja es una plancha de cinc y que permite una gran espontaneidad en el trazo y, por tanto, una gran viveza en el dibujo. Común al conjunto de estampas de la exposición es la tinta utilizada, siempre negra y sin concesión al color, lo que subraya el poder comunicador de las imágenes así como su carácter ilustrativo y múltiple. Sin embargo, no debemos entender que esta uniformidad de color pueda poner límites a la variedad expresiva, pues es realmente agradable comprobar cómo el maestro Posada manejaba con gran destreza las herramientas de dibujo y de grabado, y observamos así imágenes en las que abundan los medios tonos, a partir de esa tinta negra, y también las grafías y las texturas conseguidas con puntas y ruletas.
En lo que se refiere a los temas que se nos presentan en este primer conjunto de obras podemos apreciar, por ejemplo, el retrato de sucesos de actualidad, hoy ya históricos, a modo de crónica de acontecimientos vividos por el artista y sus coetáneos, pero vemos también en otras estampas la representación de clichés y tradiciones locales, sin renunciar a la crítica social y política así como a los valores moralizantes de la sociedad mexicana del momento. Se incluyen por tanto en ese medio centenar de obras, escenas que representan momentos destacados de la época y vida del artista, como la Inundación de León de 1888 o El temblor de 1894 en la Ciudad de México; por otro lado estampas que retratan la crónica negra, como el Crimen en los llanos de la escuela de tiro o Juan Ortiz, asesino de su mujer y de su anciano padre, escenas estas en las que Posada repite el modelo de una mujer tendida y muerta en el suelo, imagen escorzada de gran potencia expresiva que incluiría también en otras de sus estampas; encontramos además imágenes que retratan la vida popular, como las escenas que muestran a Jesús Negrete El tigre de Santa Julia, conocido bandolero de la época, o las que sirven para ilustrar corridos como El ahorcado de Mixcalco; y también ejemplos de la vida revolucionaria en Despedida de un revolucionario o en Muerte de revolucionario. Por supuesto encontramos entre estas obras sátira y crítica social, a través de estampas como las de Don Chepito Marihuano, retrato burlón de un tipo de sociedad mexicana acomodada y pseudointelectual “adicta” a estímulos exteriores como la atención de los de su entorno. Tampoco podemos olvidarnos de las escenas moralizantes en las que la religión, el bien y el mal, y las creencias populares están presentes, como por ejemplo las estampas que llevan por título Un espíritu maligno en figura de mujer bonita, La revelación y Los siete pecados capitales.
El segundo apartado en el que se organizan las obras de Posada en esta miscelánea está dedicado a las publicaciones, a modo de muestra, que ocuparon el trabajo del artista especialmente en sus años de sociedad con Antonio Vanegas Arrollo en Ciudad de México, si bien hay que decir que Posada trabajó desde sus orígenes en la ilustración de publicaciones y periódicos de corte político como “El Jicote”, editado por Pedroza en los años setenta. En esta exposición se recogen sólo algunos ejemplos entre los que se hallan cancioneros populares, obras dedicadas al público infantil y también curiosas publicaciones de temas variados como la cocina o el cortejo. Técnica y estéticamente estos trabajos mantienen las constantes vistas.
Por último, la exposición nos despide con una selección de las Calaveras realizadas por Posada, una interesante muestra de la cultura popular más característica de su país natal y que además, a través de la pluma del autor, han servido –y sirven todavía hoy– como imagen representativa e internacional de México. Las Calaveras o Panteones forman parte de esa tradición folclórica asociada al culto a los difuntos y antepasados, y suponen pequeños fragmentos literarios que se publican tradicionalmente el Día de Muertos a modo de comentarios que incluyen opiniones personales y críticas, expresadas con carácter jocoso, sobre temas o personas concretos. Posada ilustró con sus estampas de forma magistral estas calaveras, hasta el punto de convertirse sus imágenes en verdaderos iconos mexicanos.
Al analizar, desde la óptica aragonesa, las obras expuestas en esta muestra es inevitable encontrar aspectos comunes con figuras destacadas del arte del grabado en estas tierras. De esta manera, no podemos dejar de apreciar recuerdos goyescos en las escenas de fusilamientos, en las composiciones que proponen en primer término las figuras de ajusticiados o represaliados, y en la intención crítica, satírica y moralizante de las estampas, que, sin conformar en el caso de Posada una serie gráfica como tal, demuestran una interesante unidad de intenciones. Por otro lado puede venir a nuestra memoria el trabajo gráfico de artistas como Ramón Acín, especialmente por el carácter popular de las obras de Posada, su compromiso social y político, y su labor como ilustrador en diversas publicaciones de carácter periódico. Pero a través de esta muestra no sólo podemos descubrir a un José Guadalupe Posada cronista o a un artista comprometido –no en vano su recuerdo estaría en la base de los movimientos de Estampa Popular vividos en décadas posteriores a su muerte[ii]–, sino que comprobamos también que su obra ofrece una interesante y destacada capacidad representativa, con guiños estéticos de carácter expresionista, y con composiciones atrevidas que contemplan encuadres casi fotográficos, potentes escorzos y una destacada capacidad de síntesis para la narración gráfica.
Tipos populares, religión, moral, vicios, monstruos, virtudes, sátira, crónica política, social e histórica, técnica, expresión y revolución. En definitiva, esta exposición es una gran oportunidad para aproximarnos al trabajo de José Guadalupe Posada y una excelente iniciativa para conmemorar el centenario luctuoso del artista fuera de México, ya que, después de visitar Zaragoza, pretende continuar su trayecto itinerante.
[i]La exposición se ha programado entre el 12 de septiembre y el 15 de octubre de 2013. Con motivo de la muestra se ha editado un catálogo en el que se recogen el listado de obras expuestas y algunos datos sobre la biografía del artista: 100 years. José Guadalupe Posada, Aguascalientes (México), Secretaría de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos Mexicanos, 2013.
[ii]Sobre el arte del grabado popular en México podemos consultar por ejemplo CORDERO DE LA LASTRA, Fernando (2010), Gráfica Mexicana. Arte y revolución [Colección Galería La Caja Negra, exposición celebrada en la sala de exposiciones San Ambrosio del Palacio de Santa Cruz del Museo de la Universidad de Valladolid ente el 21 de enero y el 21 de marzo de 2010], Valladolid, Universidad de Valladolid. También destacamos el artículo de PANO GRACIA, José Luis (2002), “El taller de gráfica popular: un paradigma del grabado mexicano del siglo XX”, Artigrama, nº 17, Zaragoza, Departamento de Historia del Arte, Universidad de Zaragoza, pp. 19-48. También, PANO GRACIA, José Luis (2005), Discurso de ingreso como académico de número del Ilmo. Sr. Don José Luis Pano Gracia sobre la Real Academia de San Carlos de Nueva España y el arte del grabado en México durante el siglo XIX, Zaragoza, Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis.


