Entrevista a Iris Lázaro

La conversación se inicia curiosamente hablando de las tecnologías. Iris Lázaro no tiene ordenador, ni cuenta de correo electrónico, ni le interesa Facebook o cualquier otra red social. Desde hace unos diez años tiene teléfono móvil, pero como ella dice “antes encontrabas un teléfono público en cualquier calle o bar, ahora ya no hay. Y cuando me desplazo a Trévago o a Madrid, llevo uno  por si pasa algo”. Y apunta ”cómo ha cambiado todo. El mundo del arte, de las galerías….Por eso en mi pintura quiero atrapar aquello que está desapareciendo como los enormes chopos del paisaje de Trévago”. En el fondo su pintura habla de ese tiempo que se está desvaneciendo o que ha caído en el olvido. Rescata la memoria.

 

-El dibujo siempre te ha acompañado desde tu niñez.

-Naces con unas cualidades y mis padres desde el principio lo supieron ver. En un pueblo pequeño de Soria, en los años cincuenta, tener un cuaderno de dos hojas para dibujar era un tesoro. Dibujaba hoja por hoja con lapicero de grafito de mina muy larga. Recuerdo que cuando iba al río a jugar con otras niñas, aprovechaba las piedras areniscas para dibujar en rojo sobre las superficies inclinadas de las rocas, sobre las que se lavaba la ropa. O cogía del cauce otras para colorear en verde. Entonces no había cajas de colores.

 

-En una etapa de tu pintura incorporas vestimentas y tejidos antiguos. ¿Que te atrae hacia esta temática?

-Es curioso porque es una etapa corta de mi pintura, pero sin embargo le gusta mucho al público, como se vio en la exposición de La Lonja. Al final acabé saturada y no he vuelto a incorporar más a mi pintura este tipo de elementos. Era una obra muy dibujada, perfeccionista y yo ahora no busco ese efecto en mi trabajo.

 

En este momento surgen en la conversación sus obras más recientes en las que el paisaje de su Trévago natal es el protagonista, como pudo verse en el exposición retrospectiva. “Quiero captar el aire de las cosas, el que está presente en la naturaleza que observamos. Y el aire no es nítido”. Y añade “incluso para obligarme a que la pintura fuera menos dibujada, utilicé una tela de urdimbre más gruesa”. Iris Lázaro pinta desde joven al natural. Salía al campo y realizada un cuadro en uno o dos días. Pero ahora se identifica con esos perfiles más imprecisos, menos perfilados. Busca el alma de ese paisaje que va desapareciendo, pero que todavía existe.

 

 

-Ese aire de nostalgia ya estaba presente en tu obra de los años noventa, con esa peculiar naturaleza urbana y la incorporación del grafismo.

-Creo que siempre me ha gustado lo mismo. Hay cosas que están desde el principio. Por ejemplo la grafía. En mis composiciones con ropa estaba presente por ejemplo en la etiqueta. Después me fui fijando en los carteles de anuncios y bancos de cerámica que quedaban en la zona del Canal Imperial de Zaragoza, entre otros lugares, y empecé a trabajar sobre esta temática. Es la manera de rescatar la memoria. El paso del tiempo, el deterioro de elementos que describen una época.

 

-Después de esta Zaragoza rescatada del olvido, das mas preeminencia a la vegetación.

-Una naturaleza no ordenada. Me gustan las zarzas que enmarañan la composición. Los invernaderos, los huertos…Utilizo un primer plano, para no dejarle salida visual al espectador. Lo muestro antes sus ojos. Un mundo agrícola que también desaparece.

 

Sin embargo Iris Lázaro lo muestra con todo su esplendor. De manera directa pero con una gran dosis poética. Parece mentira que desde esa pintura aterciopelada se anuncie el fin de una manera de entender el mundo.

 

-En esta exposición abordas por primera vez el tema de la vanitas.

-Nunca había pintado este concepto y sin embargo me he sentido cómoda. Las rosas sobre un pretil o  las granadas maduras, que tienen ese color dorado. 

 

En ese momento me lleva hasta la habitación donde tiene su taller para enseñarme un pequeño bodegón que tiene colgado. Y en la otra pared la obra que esta ultimando. Un paisaje nevado de Trévago.

 

-En la exposición había varios obras en las que se podía ver parajes nevados.

-Es curioso ya no nieva como antes. Cuando era pequeña las nevadas eran tan importantes que los padres tenían que quitar la nieve haciendo un camino para que pudiéramos salir de casa y llegar a la escuela. Recuerdo que me llegaba por los hombros. Ahora en mis cuadros perfilo menos la naturaleza prefiero que se vea la emoción, la atmósfera tan especial.

 

-En la exposición de La Lonja también estaban presentes marinas. ¿De que manera abordas el mar en tu obra?

-Me fascina el mar, pero siempre visto desde la orilla, cuando las olas rompen sin brusquedad en las rocas dispersas en la arena. Un mar tranquilo, con la espuma dejando su reflujo. Unas composiciones también en primer plano, sin mucho cielo. En mis composiciones el cielo no ocupa un lugar preeminente.

 

-Ya para terminar. ¿Que ha supuesto esta exposición retrospectiva?

-Mirar atrás 40 años. Considero que es la exposición más importante que he hecho. Y estoy muy agradecida a Zaragoza.

 

-Y ahora?

-El futuro? Pintar.

Gran Premio AACA 2016 (foto de Pedro Fondevila)

Número 39

Junio 2017
Desirée ORÚS
Presidenta de AACA
Fecha de recepción: 19/6/17
Fecha de aceptación: 20/6/17
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