Así es como le llamó su amigo Cézanne. Camille Pissarro (Santo Tomás, Antillas, 1830-París, 1903), el único pintor que participó en las ocho exposiciones del grupo impresionista celebradas en París entre los años 1874 y 1886. Antes de que sus destacados miembros se convirtieran en verdaderas máquinas de hacer dinero, redactó los estatutos de la cooperativa con la que el grupo amagó con emanciparse del mercado artístico. Pissarro se sentía más cerca de Cézanne y Degas, y menos de Monet, Renoir y Sisley. Sería a finales de 1886, cuando Pissarro le dio abiertamente la espalda al impresionismo clásico, habiendo una fuerte tensión entre Pisarro y Monet. Monet y Pissarro se encontraron en Londres en 1870, durante la guerra franco-prusiana. Monet tenía entonces treinta años, y Pissarro cuarenta. Durante el periodo del movimiento impresionista, Pissarro y Monet se habían tratado mucho, pero sin llegar a ser amigos íntimos hasta que las cosas se complicaron
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Pisarro, que no era francés ni católico, ni siquiera cristiano, estaba colaborando activamente con la causa del anarquismo, era conocido por la policía francesa como un anarquista militante que había terminado el ejemplo más potente de ideología anti burguesa que jamás creara un artista, un libro ilustrado a mano y titulado Desgracias sociales. Aprovechando el amplio conocimiento de la prensa ilustrada, realizará unos dibujos a pluma con tinta negra, cuyas raíces se encuentran en la ilustración inglesa, y aunque estaba destinado para un uso privado, en realidad se basaba en una iconografía de masas, como si algún día fuera a tener una amplia distribución.
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El Museo Thyssen Bornemisza, restituye la figura del artista eclipsado por la vorágine de Monet, a través de 79 lienzos, ofreciendo la oportunidad de contemplar por vez primera en España una retrospectiva de una obra pictórica de innegable influencia en la obra de Corot y Courbet. Los paisajes dominan casi por completo la muestra, en sus obras de colores sombríos, aplicados vigorosamente con espátula, encontraremos complejas composiciones de aspectos rurales y urbanos tocados por un mágico equilibrio. Las luces y las penumbras se persiguen entre sí, en sus cuadros. Casas en el Hermitage, Pontoise (1875) o Vista sobre la Maison des Mathurins, Pontoise (1875) son obras en contraposición a las que realizará en los noventa, dónde Pisarro debe abandonar las zonas rurales, a causa de una infección ocular que le obligó a dejar de pintar al aire libre, para ser testigo de la voraz pulsión autodestructiva del París de comienzos del siglo XX, a través de la melancólica habitación de un hotel. Quedan para la historia del arte, obras como Sol de la mañana en la Rue Saint-Honoré (1898), El Bulevar Montmartre, ó mañana de invierno (1897). Composiciones osadas y modernas, que convierten al artista en el “patriarca del impresionismo”
Pisarro
Museo Thyssen Bornemisza
4/06- 15/09/13




