Hacer el amor despeina. Y, en general, lo mejor de la vida: cantar, bailar, nadar, correr, jugar… estar despeinado es síntoma de buena salud -o de mal peluquero- y también de moverse por las calles de Zaragoza, donde el cierzo no da tregua alguna.
Bien lo sabe Víctor Meneses, zaragozano de pro e infografista en Heraldo de Aragón. Conocido en el último año por la selección de su cartel para las fiestas de El Pilar. La sencillez de trazo combinada con la adecuada elección del simbolismo cromático sirve como paradigma de sus creaciones: consigue que el diseño final sea efectivo con una única mirada. Convence. Son estas las características que le hicieron acreedor de reconocimientos en los premios ÑH y Malofiej y que hacen propias las imágenes que muestra en El Armadillo Ilustrado: cinco cuadros y ocho postales con las que resulta fácil identificarse.
Porque el Monumento a los Mártires o el recinto de la Expo parecen captados a modo de turista despistado: el cuadernillo sustituiría a la cámara para lanzar dibujos a los rincones más representativos de la ciudad. Pero no es así: siempre se respira una intimidad que sólo puede transmitir alguien que haya vivido en Zaragoza durante un periodo de tiempo prolongado. Se trata de un mail art autóctono, que huye de arquetipos para potenciar el tono personal. Postales que animan a visitar y encontrarse con la ciudad. No tanto por los fondos, como por los personajes que les dan vida. De trazos ágiles y sinuosos, rápidos y ricos en ondulaciones y líneas curvas que inspiran movimiento.
Forman un conjunto naíf en el que destaca sobre todo la sonrisa. Siempre culminada por delicadas manchas de color opacas, sin desenfoque alguno que perjudique la sensación de ternura. Mofletes carmesí que destacan sobre la luz y claridad intensa general. Una sinfonía de la ciudad optimista y vivaz, tan ingeniosa como los lemas que recoge: “todo lo bueno despeina”, como decía la Mafalda creada por Quino. Como podemos comprobar los que vivimos en la ciudad.


