Exposición Dance like no one´s watching, de Mariona Olmos

Desde casi sus comienzos, la fotografía ha buscado plasmar el movimiento, imprimir de un sentido dinámico las escenas y motivos que el objetivo captaba fijándolos para siempre. De esta manera, se introducía una noción que quebraba el apriorismo que la definía en virtud de su estatismo, al igual que en el Quatrocento se ponía en tela de juicio la bidimensionalidad de la pintura en función de la aplicación de las leyes de la perspectiva, dando como resultado la profundidad asociada a la tercera dimensión.

En este sentido, el trabajo de Mariona Olmos es una buena muestra de esta voluntad de hacer palpable un ingrediente cinético, materializado en muchas de sus instantáneas -concepto que adquiere su significación plena en tales imágenes- siendo puesto en práctica, en buena parte de ellas, a través de la captación del salto, sobre el que luego volveremos. En otras ocasiones, no se recurre a esta estrategia, pero, sin embargo, las fotografías siguen presentando un componente dinámico desplegado a partir de la (hermosa) gestualidad que desarrollan las bailarinas. En todos los casos, asistimos a una cuidada y selectiva disposición de todos los factores que intervienen en la toma: desde la ubicación, escenarios urbanos que oscilan entre las grandes avenidas y los espacios abiertos, hasta otras ambientaciones en que parece haber implícito un mayor sentido de intimidad, para lo cual se escogen rincones determinados, más escondidos a las miradas de los viandantes anónimos que se cruzan con la fotógrafa y las modelos.

Así, en efecto, estos son los elementos que sintetizan la propuesta que tenemos la oportunidad de contemplar en la Sala de Exposiciones del Colegio La Salle F. Gran Vía en su segunda muestra. Distintas disciplinas de baile (desde la danza clásica a la contemporánea, pasando por el flamenco), toman literalmente la calle, procediendo a una intencionada descontextualización, traspasando las paredes de las aulas, para que, de esta manera, según palabras de la autora, el bailarín pudiese expresarse plenamente “dando rienda suelta a esa energía que transforman en movimiento y en arte”.

Mariona Olmos trasciende los géneros tradicionales asociados a la fotografía (arte y arquitectura, reportaje, etc.), y desarrolla una vertiente bastante original dentro de la denominada fotografía creativa actual, que parece entroncar con ciertos planteamientos aplicados a la fotografía de moda (aunque no haya ninguna intención comercial o publicitaria en sus imágenes), y que ya introdujeran grandes fotógrafos como Martin Munkacsi, sacando a sus modelos a exteriores naturales y aplicando decididamente el movimiento, otorgando así una orientación más extrovertida, menos preparada (en apariencia), aparatosa y rígida, que era la tendencia que había preponderado en el incipiente género de la fotografía de moda. Un poco más adelante surgiría la figura del fotógrafo estadounidense Philippe Halsman, especializado en la fotografía de moda y en los retratos de celebrities del mundo de la cultura o la política. Halsman se haría famoso, a finales de los años cuarenta del pasado siglo, por sus series en que aparecen distintas personalidades saltando en escenarios escrupulosamente acondicionados hasta en el último detalle, acuñando el “jumping style”. Según el propio fotógrafo, por medio del salto, se posibilitaba que “la máscara caiga, que la personal real se hiciera visible”, ahondando en la búsqueda de espontaneidad y naturalidad en su aplicación al retrato. Ese mismo sentido de extroversión y de ruptura con lo estático presiden las fotografías que podemos contemplar, en sintonía con la pretensión de romper los límites del espacio, debidas al marco físico, que suele constreñir las manifestaciones relacionadas con el baile o la danza, ya sea en el contexto de un teatro o de un aula formativa. Una circunstancia que hace que tales manifestaciones se rodeen de un halo de solemnidad, donde el tiempo parece regirse por un estricto y convencional orden y se adscriba a los condicionantes propios de un acto social, demasiadas veces vinculado con determinadas clases que detentan en exclusividad el disfrute de algunas forma de cultura, especialmente, aquélla que se ha escrito con mayúsculas. Aquí, por el contrario, el arte se saca a la calle, para hacer partícipe a personas de toda clase y condición del baile y la danza, casi como si se tratara de una reedición de las tentativas que en tal sentido desarrolló el teatro de calle, tal como expusiera Achero Mañas en su película Noviembre (2003). Las actuaciones de estos intérpretes tenían algo de performance, tal como sucede con las de las bailarinas que fotografía Mariona, apareciendo en ciertas ocasiones junto a personas que transitan cerca de ellas; no obstante, esto no es lo mayoritario, incurriendo en cierta desconexión con el paisaje humano y dando más protagonismo al paisaje constructivo, que sirve para enmarcar a la acción de la modelo/bailarina. Es por ello que el encuadre se escoge de modo bastante intencionado, mientras que, en otras imágenes (danza clásica), pareciera que se ha optado por un agente más azaroso y casual, no importando la presencia de vallas o maquinaria de obras, que podrían afear la composición.

En otro orden de cosas, resulta interesante hablar de la interrelación de disciplinas artísticas que, en principio, se oponen conceptualmente al presentar aspectos contrapuestos: estatismo/dinamismo. El conjunto presente ofrece un equilibrio efímero, en el que se quiebran de manera atrevida tales imposiciones y separaciones, contribuyendo a mostrar una imagen de frescura y desinhibición (sobre todo, en el grupo correspondiente a la danza contemporánea), que nos recuerda determinada fotografía publicitaria, vinculada a la música o la propia moda, como antes hemos referido con dos de los grandes autores del último género citado.

El trabajo aquí expuesto es una buena ocasión para observar una fotografía liberada de cualquier trascendentalismo en cuanto al mensaje o significado, y de cualquier aspiración experimental o plástica en lo que concierne a la forma. Se trata de una apuesta optimista que redunda en una exploración sin grandilocuencias ni aparatosidades, en la que se plasma un evidente deseo de libertad.

Colegio La Salle F. Gran Vía (Santa Teresa de Jesús, 23), Zaragoza

Número 22

Marzo 2013
Francisco Javier LÁZARO SEBASTIÁN
Profesor del Departamento de Hª del Arte, Univ. de Zaragoza
Fecha de recepción: 27/1/13
Fecha de aceptación: 30/1/13
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