La reinvención del autor a través de dos derivas museográficas.

El Museo Picasso acoge una exposición que subvierte la tipología canónica del recorrido museal para proponer un recorrido que posee dos direcciones que convergen y divergen según la problemática abordada. El objetivo, ofrecer al visitante las herramientas para comprender cómo el propio Pablo Picasso fue capaz de vivir, convivir y aprender de dos mundos que en apariencia aparecen vedados y antagónicos para la tradición historiográfica: arte versus mercado. Esta visión propiamente burguesa y tardoromántica supone al artista como un ser dotado de una genialidad que lo aísla de la sociedad y le asigna cualidades de "demi urgo", de un elegido, que no puede elegir. El artista como alguien bendecido y/o condenado por la siempre esquiva inspiración. Pero si observamos este razonamiento desde otro lado, desde el “tras bambalinas” de la propia historiografía picassiana, podemos encontrarnos con muchas sorpresas. La primera, tal vez la más inentendible al inicio del recorrido: ampliaciones de periódicos financieros que el propio Picasso estudiaba y coleccionaba.



Para demostrarlo, la exposición ‘Economía: Picasso’, comisariada por Pedro G. Romero y Valentín Roma propone un recorrido con siete puntos de fuga, o siete ámbitos en los que se reconocen obras de Duchamp, Rodchenko, Tansey, Hamilton, Lawler y Fred Wilson. Un paralelismo y contrapunto que Picasso conocía muy bien, pues en su calidad de autor-artista estaba también la conciencia del sistema del arte en el que se insertaría su obra. Y donde circularía poniéndose en valor exponencialmente. Picasso, no era ingenuo ni un iluminado noctámbulo. La exposición demuestra cómo en sus dibujos también estaba el mundo financiero, contable y numérico. desde muy temprano vemos apuntes de  1907 o 1912 donde el artista estudia, saca cuentas…visualiza algo entre pinceladas, romances, activismo político y viajes. De esta forma, se aprecia al fundador del Cubismo abriendo la perspectiva del plano estético al plano financiero…y no hay ningún crimen. Al contrario, se desplaza la imagen del artista irresponsable, bohemio y desconectado, por la del estudioso y literal calculador…porque se trata de creaciones que no cometen errores; no hay especulación, pues el riesgo es la constante. Es decir, Picasso no sólo era un buen artista, sino que además un individuo arriesgado y por lo mismo peligroso para el sistema del arte burgués, pues comprendía y administraba sus reglas.
 



La economía entonces es política; por ejemplo entender las “Damoiselles de Avignon” como resultado del estudio de la negritud y la discriminación racial es una visión que rescata a la obra de la estética vacía, y devuelve la obra a un contexto social desde donde se conciben: el miserabilismo y la marginación de una parte importante de la sociedad. Un antidarwinista, que demuestra en dos dibujos la fisonomía del otro oprimido, y luego los bocetos de la ópera prima picassiana, donde se libera a los sujetos…las formas se abren, es la imagen universal del ser humano, son los antecedentes del famoso cuadro. Una dimensión tenebrosa que Picasso no elude, al contrario, que da pie para que Pedro G. Romero y Valentín Roma presenten los carteles de caza y recompensa de los afroamericanos en Estados Unidos que presenta del artista visual Fred Wilson, como si tras esas señales gráficas, viéramos la injusticia y postergación del “otro” que el propio Picasso en ese momento siente como un aliado.
 


La exposición está compuesta por siete ámbitos que desarrollan temáticas complementarias y en contrapunto con la obra del malagueño. Siete ámbitos, con siete habitaciones paralelas, en las que corre una historia que se puede llevar gratuitamente, a pesar de que todo lo demás esté en venta. Espacios interiores con videos, pegatinas, chuches (una cita para llegar y llevar Félix García Torres) y fotografías de indignados para colorear.



Son links espaciales y conceptuales que orienta la mirada, y por lo tanto las preguntas y la reflexión, en direcciones que no habían sido enunciadas en el canon historiográfico del artista. La exhibición comienza con la carta manuscrita del malagueño a su amigo Bas, con cerca de 16 años, después de visitar por vez primera el Museo del Prado. Imagen institucional que luego cierra la exposición con la revista ‘Nueva España’, editada en 1938 por el Comité para la Defensa de la República Española, en cuya portada se propone a Picasso como director del emblemático Museo. La salida es literal, pues se deja atrás la historia del arte y se culmina acuñando monedas, en medio de un espacio museográfico empalizado y frágil, sin el aspaviento de la estética museal, sino que en el taller del numismático…esta vez, realizando un sistema monetario paralelo que funda una nueva economía bajo la consigna de Georges Bataille. Ya no se trata solo de industrias creativas, sino de un sistema financiero cambiante, situado en el epicentro de la fragilidad del valor de cambio. Esta imagen se refuerza con el billete que hizo Marcel Duchamp para pagar a su dentista…un billete simulado y firmado por el mismo: quien también sabía de la cadena de valor del original artístico y su posterior distribución. Tanto Picasso como Duchamp eran apostadores de intangibles que solo el tiempo pudo corroborar. El cheque comenzó como una forma legítima de buscar un intercambio con su médico, y hoy lo vemos protegido y asegurado tras una vitrina…eso sí que es ironía de mercado.

 


’Economía: Picasso’ es una extensión del Archivo F.X. creado por Pedro G. Romero, un nodo que ha dejado entrever nuevas líneas de investigación para apreciar la obra y biografía de Picasso, es como si estas habitaciones contiguas, en paralelo a la historia oficial, dieran un respiro a la asediada figura del artista condenado a se genialidad no estudiada. Esta vez se trata de un artista situado como productor economía y conocimiento sensible. Que sopesa las variables del valor de cambio versus el valor de las imágenes. Es la economía artística en el contexto de una historiografía en declive, y por lo tanto el fin de los relatos inadvertidamente lineales y estables de la modernidad. Esta exposición es una buena forma de devolver a Picasso a Cataluña, 100 años después de sus paupérrimas derivas por la calle Avigñon, podemos llegar hasta calle Moncada, aunque el paisaje ni la gente sea la misma, aunque Picasso se resista a ser convertido en “Souvenir de Voyage"

Economía: Picasso’. Exposición en el Museu Picasso, Barcelona

Número 19

Junio 2012
Ramón CASTILLO
Curador, director de la Escuela de Arte de la Universidad Diego Portales, Santiago de Chile
Fecha de recepción: 29/6/12
Fecha de aceptación: 29/6/12
image_pdfimage_print