La exposición de Daniel Caxiguerio (Mondoñedo, 1955) se enmarca en la programación de la Feria de Cerámica Contemporánea (CERCO). El artista vuelve a exponer en Zaragoza veinte años después de haberlo hecho en el Museo Pablo Gargallo y lo hace con una retrospectiva que muestra el trabajo del período comprendido entre 1990 y 2012.
Caxiguiero entra en contacto con la cerámica en la fábrica de Sagadelos, donde trabaja durante unos años. Sin duda esta labor le proporciona el dominio del oficio y la oportunidad de entrar en contacto con ceramistas y artistas internacionales que acuden periódicamente a la fábrica a llevar a cabo sus proyectos.
A finales de los ochenta se adentra por las corrientes conceptuales, realizando su primera instalación “Danza” en 1988. A partir de esta obra la narrativa va a ser la que sustente la obra y los materiales empleados van a ir en función de la misma. Utiliza libremente la cerámica, resinas, ceras, productos industriales y todo tipo de objetos que contribuyan a enriquecer el mensaje, siempre dentro de una restricción cromática que confiere misterio y dota de una belleza singular a sus instalaciones.
A partir de los noventa su trabajo se caracteriza por la introducción de la fotografía, como materialización alegórica de una idea; el “objeto encontrado”, integrado en la narrativa de la obra aprovechando sus cualidades estéticas y la concepción seriada del trabajo. A veces incluye poemas o textos acompañando a las piezas o en el catálogo, decisivos para interpretarlas.
Caxigueiro utiliza sus obras como medio de denuncia para provocar la reflexión sobre la violencia, la guerra, las agresiones contra las libertades, la protección del medio natural y los abusos de poder. Con la solidez de sus mensajes llama a la resistencia y a hacer visibles los desastres ocasionados por el hombre y que no pocas veces se minimizan en los medios de comunicación.
La exposición se inicia con los “Guerreiros” (1989-1990) un ejemplo del uso de la seriación para potenciar el dramatismo. Son unas formas enigmáticas en gres con acabado férreo que cobran aspecto de búnker, con orificios irregulares que acentúan su misterio. Dispuestos en formación militar, es una alusión a los ejércitos opresores constituidos por individuos anónimos.
Esta serie da lugar a obras como “Europa Terapia Puntual” (1993), nacida tras la impresión que le producen las imágenes de los cadáveres de la guerra de Bosnia. En ella la forma primaria del “guerreiro” encuentra su morada en unas construcciones simples de hierro a modo de nichos que amplifican el contenido de la opresión y la muerte.
Se presenta una instalación de la serie “O rapto da paisaxe” un alegato contra la especulación inmobiliaria. La ordenación caótica de las piezas da idea de agobio constructivo y alude a la falta de planes que regulen una construcción anárquica que degrada el medio ambiente.
Igualmente le interesa la denuncia de los desastres ecológicos en el medio marino. Aspecto que refleja en la obra mural “O noso mar” compuesta por seriaciones de placas cerámicas con los nombres de famosos barcos siniestrados: Prestige, Mar Egeo, el Casón, etc. y que aluden a los restos de los productos derivados del petróleo que se adhieren al paisaje degradándolo.
Como nexo de unión entre los espacios integra una serie de fotografías de bodegones que bajo una apariencia amable y una cuidada composición, aportan el grado de realismo necesario para expresar el drama y las injusticias de nuestra época.
En “A linguaxe da memoria” (2000) esparce desordenadamente libros calcinados sobre el suelo y sobre algunas estanterías de hierro. La idea parte de la destrucción de la Biblioteca de Sarajevo y su intención es la denuncia de la barbarie contra la cultura de un pueblo. En muchos libros se pueden leer los nombres de ciudades del mundo donde han ocurrido este tipo de atentados, poniendo de manifiesto la destrucción cultural y el deseo del pueblo de recomponerlo. Libros como contenedores de la memoria, que hablan de la destrucción, pero también libros símbolo de esperanza y savia nueva, de los que nacen árboles, representado en “O libro das polas” (2012).
La exposición concluye con “O bosque das ausencias” (1996) en la que se reproducen unos rostros fantasmagóricos -distorsionados por el terror de una agresión- sobre vigas de madera (en otras ocasiones los ha presentado sobre el suelo). Son esculturas con un fuerte componente escenográfico, en las que investiga recursos como la luz, el espacio circundante y la posibilidad de ser transitadas por el espectador.
Caxigueiro es un artista atento a la realidad con una obra que sugiere pero no describe, con juicios que se intuyen pero no se revelan abiertamente y que en algún caso se ven respaldados por el lenguaje escrito, donde la verdad es sólo insinuada para que el espectador la complete.


