A song for my mother, Jorge Fuembuena y Alejandro Ramírez.

 

             Insertos como vivimos en la era de las imágenes, éstas se han convertido hoy día en nuestro único campo de referencia. La búsqueda de nuestra identidad y las relaciones con los seres humanos y el entorno social se desarrollan dentro de una iconosfera,bien definida ya en 1959 por el teórico francés Gilbert Cohen-Séat. La iconosfera, marco lingüístico que nace del cine y de sus formas derivadas -fotonovela, televisión-, sería un ecosistema cultural fundamentado en las interacciones entre los diferentes medios de comunicación y, a su vez, entre estos medios de comunicación y sus públicos receptores.

            Jorge Fuembuena y Alejandro Ramírez, el primero a través de la fotografía y el segundo por medio de la creación audiovisual, revisan en A song for my mother, exposición que podemos visitar en la Sala Juana Francés de la Casa de la Mujer de Zaragoza hasta el 31 de enero de 2012, los iconos del cine y la pintura que ha generado nuestra cultura visual occidental.

            Jorge Fuembuena (Zaragoza, 1979) analiza el sujeto, sus límites y su relación con otros individuos y con el medio que le rodea. La sutil atmósfera de sus fotografías, la depurada estética que entronca con el posmodernismo y su particular mirada directa sobre el sujeto de sus instantáneas, presentación de individuos teñida de misterio y cierta quietud, diríamos que mágica, son sus principales rasgos de autor. Lleva a cabo sus investigaciones más recientes gracias a Estancias Creativas en instituciones como el Centro de Arte Contemporáneo de Essaouira (Marruecos) en agosto de 2011, el Museo Upernavik (Groenlandia) en junio de 2012 o el Adayya Art Contemporani de Mallorca (España) en julio de 2012. Disfruta de becas como la de la Fundación Santa María de Albarracín de Fotografía en 2010 o la Air Polymer Fellowship de Tallín (Estonia) para el 2012 y ha sido galardonado con el Premio Foto-reportaje ARCO 2010, el Primer Premio Creación Joven de Aragón del Ayuntamiento de Zaragoza de 2010, el Premio 10×15 del Festival Internacional de Artes Visuales EMERGENT 2010, el del Certamen Generaciones 2011 o el Premio OCEMX 2011, entre otros. También ha sido seleccionado en el programa “Descubrimientos” del Festival PhotoEspaña 2011 y nominado para el Fotomuseum Winthertur Review de Suiza. Fotógrafo en festivales de cine, arte y música y foto fija en largometrajes y cortometrajes como De tu ventana a la mía y Voces, su obra artística se ha podido ver dentro y fuera de España -Zaragoza, Albarracín, Huesca, Madrid, Marruecos, México D.F., París, Tenerife o Murcia- además de en revistas como OjodePez, Mondosonoro o Cahiers du Cinema y en periódicos como Ouest France, El Mundo, El País, ABC Heraldo de Aragón, por citar sólo algunos ejemplos.

            Alejandro Ramírez (Zaragoza, 1981), licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Cuenca, estudió posteriormente un posgrado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Hamburgo (Alemania). Centra sus investigaciones en los procesos de transformación y percepción del cuerpo en el espacio, con una depuración estética y una dramatización de la cotidianeidad muy personales. Entre las becas y premios con los que ha sido reconocido su trabajo cabe mencionar la Beca de desarrollo de Estudios Artísticos en el Extranjero de la Diputación Provincial de Zaragoza (2006-2007), el Primer Premio del Certamen de Vídeo Jóvenes Creadores 2008 de Salamanca, un Accésit en la XXV Muestra de Arte Joven del Gobierno de Aragón en 2008 y una Mención de Honor en el Certamen de Videoarte de Astilleros en 2011. Ha expuesto en Hamburgo, Cuenca, Nueva York, Zaragoza, Salamanca, Huesca, Madrid, Quito o Guadalajara (México) y sus trabajos más recientes han podido verse en el mes de diciembre en el IAACC Pablo Serrano de Zaragoza.

            La exposición A song for my mother debe situarse dentro de los programas que la Casa de la Mujer de Zaragoza organiza desde el año 2004 para luchar contra la violencia de género, promoviendo la educación en los valores de la igualdad entre hombres y mujeres y la eliminación de los estereotipos y patrones machistas. Para esta ocasión, los artistas Jorge Fuembuena y Alejandro Ramírez nos proponen una reflexión sobre los límites de la realidad y sus representaciones. Deliberadamente ambiguos y haciendo uso del diálogo transversal entre diferentes medios artísticos del arte contemporáneo, no han querido transmitirnos mensajes cerrados, sino que nos invitan a indagar en lo que ocultan las apariencias, ahondar en la complejidad de las relaciones humanas y explorar en los binomios universales.

            El arte genera un modo concreto de percibir y vivir la realidad. Reproduce los iconos que dan forma a nuestro imaginario colectivo, aquel que guía nuestros mecanismos de relación con el medio social. Pero estos iconos son, en la inmensa mayoría de los casos, los responsables de unos estereotipos visuales violentos que vamos heredando generación  tras generación, conservados, renovados, complementados y transmitidos, unos estereotipos que fomentan y sostienen las diferencias raciales, sexuales, de clase, de religión.  

            En el quehacer artístico de ambos artistas encontramos la huella del apropiacionismo posmoderno, tendencia artística norteamericana de finales de los años setenta del pasado siglo. A partir de la crítica de la representación, la concepción de las imágenes a partir de otras abría el arte contemporáneo a los medios de comunicación de masas. Si detrás de cada imagen siempre podía hallarse otra imagen, como bien apuntó el crítico Douglas Crimp, la imagen apropiada de la televisión, el cine, la fotografía o la Historia del Arte tenía que ser objeto de las manipulaciones necesarias para despojarla de los significados que tuvo en su origen para dotarle de sentidos diferentes. Los fragmentos extraídos de la representación de la realidad debían ser descifrados indagando en las estructuras internas de sus significados.

            Así, valiéndose de imágenes de la Historia del Arte y del cine, Jorge Fuembuena y Alejandro Ramírez trascienden el mero documento interviniéndolo, como metáfora de las manipulaciones físicas y morales a las que se ve sometido el individuo contemporáneo, desde los bombardeos de la ideología imperante hasta la dictadura de la imagen a través del instrumento de cambio que es la cirugía estética. De este modo, obtienen imágenes de las imágenes, simulacros de la representación de lo real, para suscitar nuevas reflexiones a partir de nuevos conceptos.

            Más interesados en el proceso que en el hecho concreto, ofrecen un recorrido por la violencia que oculta la doble moral. Jorge Fuembuena toma obras clásicas de la Historia del Arte y las interviene sutilmente. Retratos de representación de los siglos XVII y XVIII son fotografiados y manipulados digitalmente. Esas poses y ademanes han quedado codificados en nuestro saber cultural durante siglos y, aunque no conozcamos la historia concreta del/de la representado/a ni a su autor, reconocemos de inmediato su estatus, su posición respecto a su familia, la sociedad, su entorno político y cultural. Pero tras las apariencias, la realidad de estos personajes “anónimos” se torna misteriosa, incluso dramática. La luz del éxito nubla la razón de un hombre notable. Un ojo azul y otro verde denotan una doble mirada, una doble actitud ante su mundo. Una pintora a la que le ha desaparecido la boca, silenciada por una sociedad patriarcal en su doble condición de mujer y pintora. Una dama de alta cuna que luce un dedo menos. Un adolescente que, por su ojera morada, parece no vivir en un ambiente muy saludable, física y mentalmente hablando. Una joven mujer, de egregio porte, luce el camafeo con el retrato de su esposo; sonriente y apacible, como corresponde a toda buena esposa, oculta una realidad de soledad, opresión y violencia constantes que no puede disimular una lágrima de sangre que aflora en su artificioso semblante. Éstas serían, quizá, algunas de las interpretaciones posibles de las obras de Jorge Fuembuena, pero no las únicas. La cultura visual que nos rodea, los recientes acontecimientos y las experiencias personales hacen su parte y completan significados.

            Alejandro Ramírez propone un montaje de vídeo a partir de fragmentos extraídos del cine. Dividida la pantalla en dos partes en las que se reproducen escenas de películas conocidas, enfrenta a personajes masculinos y femeninos, siempre la actriz interpretando papeles de subordinación al actor. Actriz y actor habitan espacios diferentes, actúan en dos películas distintas, no forman parte del mismo universo pero, por un instante, descubrimos encontradas miradas, gestos que parecen corresponderse. Ninguno de ellos quiso interpretar esos papeles en la vida real, al menos presumiblemente y, sin embargo, se hallan danzando en un juego de realidades, atrapados en la ininteligibilidad del hecho cotidiano. Un paisaje sonoro acerca al público a la enigmática y desconcertante percepción auditiva de lo real en su más pura esencia: el sonido que produce el diamante de la aguja de un tocadiscos en su contacto con la nada. Sugerencias nuevamente del aislamiento, la soledad, la incomunicación, la incomprensión, el desconocimiento.

            Como defendió Walter Benjamin en La obra de arte en la época de la reproducibilidad técnica (Benjamin, 1973), el “aura” de la obra de arte proviene de su carácter irreproducible. Pero la llegada de los nuevos medios y con ellos de la reproducción masiva de la obra en libros, postales e  incluso en el tan rentable merchandising, acaban con la originalidad, la unicidad de la obra de arte y, con ello, con su “aura”. La reproducción técnica daría la autonomía a la obra de arte. Es así como la reproducción ocupa hoy el lugar de la realidad. Jorge Fuembuena y Alejandro Ramírez parten de imágenes que son reproducciones de lo real, como ejemplo de lo que sucede en nuestros días, cuando son los signos, los modelos, los que crean la realidad en la que vivimos en un momento en que los simulacros de la realidad, tales como la realidad virtual, se han convertido en algo más real a nuestra percepción que la propia realidad. “El territorio ya no precede al mapa ni le sobrevive. En adelante será el mapa el que preceda al territorio -PRECESIÓN DE LOS SIMULACROS- y el que los engendre” (Baudrillard, 1998).

            Es entonces cuando llegamos a la muerte del autor formulada por Roland Barthes en 1967. Pasamos del mito del creador al del artista manipulador de imágenes, como en el caso que nos ocupa. Ahora son los lectores, o los espectadores, los que aportan sus propios sentidos a las obras, más allá de la intención de su autor.

            Los trabajos de Jorge Fuembuena y Alejandro Ramírez se insertan en la intertextualidad, dado que queda al descubierto que no pueden existir desligados de un texto infinito que sería la Historia del Arte en su conjunto. Ambos reservan al/a la espectador/a el libre recorrido de las imágenes para recuperar la unidad de sus posibles significados. El sentido de la obra no se clausura en la obra misma, sino en su destino que es la recepción de los visitantes. Aún con todo, en este juego posmoderno de la polisemia de la imagen, los artistas han querido contar con lo que supone colaborar con la Casa de la Mujer, con la trayectoria de la Sala Juana Francés y con el sentido de la triste efeméride del 25 de noviembre, Día Internacional contra la Violencia de Género, que claramente nos predispone ante sus trabajos guiando más de lo que sería habitual en su ejercicio de la profesión los significados que podamos intuir en sus obras.

Sala Juana Francés, Casa de la Mujer, Zaragoza
Bibliografía:

 

BENJAMIN, Walter  (1973), La obra de arte en la época de la reproducibilidad técnica, Madrid: Ed. Taurus.

BAUDRILLARD, Jean (1998), Cultura y simulacro, Barcelona: Kairós, pp. 9-10.

Número 17

Diciembre 2011
Paula GONZALO LES
Miembro de AACA y del comité de redacción de AACADigital, Becaria de Investigación en el Dpto. de Hª del Arte, Univ. de Zaragoza
Fecha de recepción: 19/12/11
Fecha de aceptación: 19/12/11
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