Belleza sin traductores

Tras la visita de la exposición de la obra del pintor natural de Tarazona Sierra Barseló, siento la necesidad de hacer una pequeña reflexión acerca del universo artístico en la actualidad. Éste se presenta como una realidad ajena a la mayoría de los mortales, ya que es percibido por el público como un cosmos extraño que maneja un lenguaje igualmente extraño, a la par que se desenvuelve en un sistema perteneciente a una esfera alejada de la vida cotidiana y de todos aquellos que nos acercamos a él con la esperanza de disfrutarlo, entenderlo y, sobre todo,  de sentirlo. Si el propio contacto con la obra de arte actual se nos presenta como un reto, al cual en muchas ocasiones nos negamos a afrontar, más nos cuesta pensar en el artista, que se nos muestra como un ser lejano, del cual nos separan intermediarios que también dejan su sello en la propia obra de arte, aunque sea indirectamente. Así, existe también la negativa del gran público a penetrar en ese universo.

Por tanto, encontrarse con exposiciones como las de Sierra Barseló, veterano artista con más de treinta años de trabajo a sus espaldas,  pueden reconciliar al público, en este caso, con la pintura, debido a que se transmite como algo cercano y accesible. Tal y como dice el pintor, la obra se contempla sin “traductores”. Los cuadros expuestos han sido realizados en los últimos años, a partir del año 2000. Se trata de la última etapa artística del pintor, que abarca, sobretodo, retratos, bodegones y vistas de paisajes; temática, en principio, tradicional, pero enfocada desde un estilo personal y actual. La obra es resultado de los numerosos viajes del artista, que nos remiten a lugares lejanos, como Paris o La Habana, y no tan lejanos, ya que descubrimos distintas panorámicas de Aragón y de su pueblo natal, Tarazona. En cuanto a los retratos, algunos reflejan rostros anónimos; otros nos son muy familiares, como el retrato de Marilyn Monroe. En este caso no puedo evitar pensar en el concepto del arte al servicio de la cultura popular, que hace que el espectador sea capaz de establecer un diálogo con la obra que contempla y de sentirse, en cierta manera, reflejado en ella. Como de igual manera se puede entablar un diálogo con los distintos paisajes, que, aunque sean reflejo de la mirada personal del propio artista, nos involucran en ellos, llegando, en cierta manera, a transportarnos.

Sierra Barseló realiza su obra a base de carbón, grafito y pastel. A veces sobre papel, y otras sobre cartón. El uso de estos materiales otorga gran libertad al pintor, ya que le permite no ceñirse en absoluto al dibujo, además de demostrar mucha soltura a la hora del manejo de este tipo de pintura. Los trazos que se derivan del uso de estos materiales transmiten gran plasticidad. Destacaría, entre lo ya comentado, el sabio uso de los colores y sus matices: en cuadros en los que predomina el grafito o el carbón, se dejan ver atisbos de colores vivos y chillones, otorgando cierta vitalidad y un toque mágico al paisaje, y carácter al retrato. Así, en otros casos el color es el gran protagonista, frente a otros en que los grises, blancos y negros reinan absolutamente. En definitiva, el contraste, en cada cuadro y entre ellos mismos, es el factor predominante.

En definitiva, me he encontrado con una obra sin más pretensiones que la de hacer disfrutar al espectador, sin más mensaje que el de la pura belleza, sin más finalidad que la del disfrute y deleite de todo aquel que desee entrar en el Palacio Montemuzo y contemplar la visión particular de este artista sobre el entorno del ser humano y sobre éste mismo, ya que la esencia de cualquier lugar está compuesta tanto por el rostro de una persona, como por las ruinas de una vieja catedral.

Sierra Barseló en Palacio de Montemuzo, Zaragoza

Número 17

Diciembre 2011
Esther ALDAVE MONREAL
Estudiante del Master de Estudios Avanzados en Historia del Arte, Universidad de Zaragoza
Fecha de recepción: 15/11/11
Fecha de aceptación: 20/11/11
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