Bajo el título José Moñú. Dientes de leche, se inauguró en la Sala CAI Luzán, el 16 de marzo, la exposición de un pintor con trayectoria meteórica, pues no olvidemos que su primera exposición individual fue, salvo error, en 2006, con 25 años. Meteórica, además, si consideramos que exponer en dicho espacio se reserva para artistas con mayor trayectoria temporal.
Nuestro primer conocimiento de su obra fue cuando expuso, el año 2009, en la zaragozana galería Cristina Marín. Su enfoque pictórico, en cuanto a tema y color, era el mismo, salvo algún cuadro, que en la presente exposición, con el agravante de ofrecer una carga matérica tan gruesa que ni de lejos sabía dominarla. En la presente exhibición se detecta el cambio, de manera que la capa matérica es menor y con cierto dominio técnico.
Fuertes colores y formas ondulantes de marcado movimiento, con ritmo bien acoplado, vibran al servicio de rostros deformes con repetidas miradas fijas, obsesivas y penetrantes. Vayamos con un detalle de ineludible cita que hemos comentado en alguna ocasión. Muy a principios de los años setenta visitamos en dos ocasiones el antiguo Psiquiátrico de Zaragoza, justo cuando trabajaba el pintor y psiquiatra Leopoldo Irriguible, mientras que la pintora Julia Dorado dirigía un taller de pintura como terapia para los internados. Los enfermos mentales, de forma natural e instintiva, siempre mostraban temas como sencillos paisajes, lo sexual, lo religioso y rostros deformes con repetidas miradas fijas, obsesivas y penetrantes, lo mismo, pero un calco, que los cuadros de José Moñú. Con esto, sin más, sugerimos que este pintor vive desde su particular hondura lo que sea, con la urgente e ineludible necesidad de mostrarlo en cada cuadro, como si fuera su permanente alivio por razones a especificar. Estamos ante rostros y miradas que revientan, de manera incontenible, desde el interior hacia fuera, siempre a través del pensamiento de José Moñú que fluye espontáneo como íntima y eficaz liberación. Basta ver, como comparación, los rostros en algunos cuadros de Francis Bacon, Jean Dubuffet, Bengt Lindström, Antonio Saura y Willem de Kooning. Obra expresionista figurativa, la de José Moñú, que requiere mayor perfección técnica y un cambio formal apreciable en algún cuadro.


