Nacida en Zaragoza en 1975, Begoña Morea Roy abandonó sus estudios de Ciencias Físicas para terminar licenciándose en 2003 en Bellas Artes y Crítica en Arte Contemporáneo en el Goldsmiths College University de Londres, ciudad en la que reside y trabaja desde hace más de diez años y donde cursó el Máster en Bellas Artes en el Central Saint Martins College of Arts entre 2007-2009.
Completó su formación con estudios sobre arte y tecnología, diseño, escultura, instalación y arte de los nuevos medios entre Londres y Nueva York, lo que le convierte en una artista multidisciplinar que experimenta con distintos soportes y técnicas.
Participa en exposiciones colectivas desde el 2000 y, un año más tarde, empezó a exhibir su obra individualmente. De este modo, sus trabajos han visitado diferentes ciudades españolas como Ávila, Zaragoza, Huesca, Teruel y Madrid, además de Londres, Nueva York, Somerset y Bangkok.
Begoña Morea Roy ha disfrutado de becas y ayudas para ampliación de sus conocimientos desde 2001, habiendo recibido el XVIII Premio de Arte Santa Isabel de Portugal en 2004. Tanto colecciones privadas como institucionales – Gobierno de Aragón, Diputación Provincial de Zaragoza y CAI- guardan muestras de su trabajo.
En este nuevo proyecto, del que pudimos disfrutar en la Sala Juana Francés de la Casa de la Mujer del 7 de octubre al 12 de noviembre, la artista recrea un espacio barroco a partir de las abstracciones a base de dibujos digitales en forma de collages, repeticiones de planos y transparencias de colores adoptados del arte pop que parecen no tener límite y que ofrecen un juego entre superficie y profundidad, un juego también de contrarios que bailan en armonía sobre formas orgánicas que traducen la sensibilidad de su autora. ¿Y qué es la realidad sino la compleja comunión de los contrarios? Uniones y separaciones, desarraigo de la tierra madre y arraigo en una nueva tierra de adopción, pausa y ritmo.
Su propia experiencia vital late dentro de unas composiciones que invaden el espacio de la sala de exposiciones. Levedad y sutileza son el resultado final de una propuesta en la que se yuxtaponen los procesos tecnológicos y el trabajo manual, artesanal, para crear unas obras en las que se hace imprescindible la participación del espectador, ya que sólo su proximidad o distancia respecto a una obra le permitirá descubrir cada uno de los planos, cada uno de los dibujos, cada una de las formas que componen una realidad compleja que demanda, como sucede con el mundo actual, una nueva manera de mirar, de sentir y de respirar el arte.
Especialmente interesante resulta el diálogo que la artista establece entre piezas de aparente bidimensionalidad y piezas tridimensionales. Y si se habla de aparente bidimensionalidad es porque, junto a aquellos collages que invaden nuestro espacio a modo de esculturas, los collages que pudieran parecer en un principio sencillos dibujos son, en realidad, estructuras que buscan la tercera dimensión gracias a esa superposición de papeles de diferentes estampados, formas y colores y que generan, sobre el muro o sobre un fondo enmarcado, sombras, volúmenes, organismos vivos en un estado de evolución permanente que ha quedado, por un momento, suspendido en el tiempo y en el espacio.
La inauguración de esta exposición coincidió en fechas con la celebración de la fiesta patronal de la ciudad de Zaragoza en honor de la Virgen de El Pilar y, por ello, la propia artista quiso destacar el vídeo titulado Streaptease as a Formalist, de 2010. Se trata de la grabación de una pieza que Begoña Morea creó a partir del recuerdo de nuestra fiesta más importante, una evocación casual surgida precisamente el 12 de octubre de 2008 al contemplar el mantel de su cocina, similar a nuestro tradicional cachirulo. El estampado de cuadros blancos y rojos del mantel le condujo a su armario, del que sacó prendas de diferentes estampados. Dispuso sobre la mesa de su cocina las distintas telas creando composiciones tonales y formales aleatorias y, poco a poco, como si de un streaptease se tratara, fue retirando una a una las piezas de tela hasta llegar a la base de la composición y origen del proyecto: el mantel de cuadros blancos y rojos, cuyos fragmentos en blanco pensó fugazmente en colorear de negro para sentirse más cerca de casa.


