Moreno Carbonero, en pequeño formato y en pleno siglo XX.











Es una opción evidente para el Museo del Patrimonio Municipal de Málaga dedicar una atención especial al siglo XIX, ya que fue el periodo en que la ciudad “cambió su físico y contenido al convertirse a mediados de la centuria en la primera capital industrial del país”, según indica en este libro Teresa Sauret, directora de ese museo. Y siendo José Moreno Carbonero el más famoso pintor malagueño de ese siglo, también resultaba natural dedicarle una exposición monográfica en un momento u otro. La ocasión la ha brindado el 150 aniversario de su nacimiento; pero lo mostrado, en la exposición y en este libro publicado a raíz de la misma, muestra aspectos poco conocidos de aquel pintor. No sólo por la información que Teresa Sauret proporciona sobre las vicisitudes del legado de sus obras a la Academia de Bellas Artes de San Telmo, sino sobre todo por la reivindicación que hace, en el ensayo dedicado a su vida y obra, de los cuadros de pequeño formato. Y es que, como a todos los pintores de Historia, a Moreno Carbonero se le había asociado con la producción de grandes lienzos de ambiciosas temáticas. Por ejemplo, su espléndido cuadro El príncipe de Viana, que durante muchos años estuvo en depósito en el Museo de Zaragoza y ahora es uno de los puntos fuertes de las nuevas salas del Prado donde se expone el arte del siglo XIX. Pero aquí descubrimos que Moreno Carbonero siempre tuvo particular afición por otros temas y formatos, lo cual le valió algunas reprensiones de los críticos y la oficialidad.

Los retratos, composiciones religiosas, escenas de género, y paisajes, dominan sobre los temas históricos en la selección aquí presentada, que corresponde mayoritariamente al legado donado por los herederos del artista a la academia malagueña. Quizá esa proveniencia explica también el hecho de que casi todas las piezas estén datadas en el siglo XX, pues el artista murió en 1942 y como su momento de gloria ya había pasado, el acervo de sus últimas producciones quedó en manos de la familia, que no pudo o no quiso malvenderlas. Pero ello no les resta interés, ya que muestran hasta qué punto en su edad tardía este pintor siguió activo y muy atento a nuevas corrientes estéticas. La comisaria alude, por ejemplo, al modelo de Julio Romero de Torres como referente al comentar un retrato de mujer castiza firmado en 1932, y a mí me parece que no estaría fuera de lugar comparar una vista de la Villa Adriana en Tívoli, pintada en 1926, con las de los jardines de Aranjuez que inmortalizó Rusiñol.

Por último, el libro se cierra con una completísima cronología del artista, rebosante de datos de interés, pero en la que a mí me interesa destacar el buen número y la extensión de las entradas que documentan la fortuna de este artista “decimonónico” después del año 1900. Cosa muy a propósito para este libro, donde tan apropiadamente se revisa la memoria de este pintor en el siglo XX, desde la nuevas perspectivas que la Historia del Arte ofrece en el XXI.

Teresa Sauret: José Moreno Carbonero. Homenaje en el 150 aniversario de su nacimiento, 1858-1942. Málaga, MUPAM, 2008

Número 8

Septiembre 2009
Jesús Pedro LORENTE
Director de AACADigital
Fecha de recepción: 30/9/09
Fecha de aceptación: 30/9/09
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