Voluntad de negación: Grabado… Tiempo.






El Paraninfo de la Universidad de Zaragoza continúa su atractivo programa de exposiciones con la muestra Grabado…Tiempo del artista Ricardo Calero, reafirmando con ello su intención de apoyar y difundir no sólo el arte contemporáneo, sino también a los artistas aragoneses o radicados en nuestra comunidad, como es el caso de Calero, jienense de origen. 

Comisariada por Fernando Castro Flórez y producida por el Vicerrectorado de Proyección Social y Cultural de la Universidad de Zaragoza, la exposición amplía una muestra anterior denominada Disparates. Continuidad de un proyecto inacabado, que entre los años 2007 y 2009 ha ido itinerando por diversos espacios, galerías y museos internacionales (Roma, Venecia, Pilsen, Bruselas, Washington y Montreal), completándose en esta ocasión con obras y registros de acciones realizadas por el artista a lo largo de las dos últimas décadas. Concebida, por tanto, como recuento de una trayectoria vital y profesional, esta exposición monográfica planteada en torno a los dos conceptos que le dan título, es una perfecta manera de aproximarse y conocer las preocupaciones y los intereses de un artista tan sugerente como Calero.

Organizada temática y espacialmente en dos partes, la primera (Grabado) reúne la serie de piezas realizadas desde 2005 a partir de una estancia en Fuendetodos por invitación del Ayuntamiento de esta localidad (a la sazón villa natal de Goya), institución que se ha convertido en un activo promotor artístico en el panorama cultural aragonés. Las obras (grabados en su mayoría y una instalación creada ex profeso para la exposición), surgen a partir de los Disparates de Goya, utilizan el mismo título y se dividen en Disparate interior y Disparate exterior, mientras en la segunda parte de la exposición denominada Tiempo, se presentan obras anteriores surgidas a partir de acciones e intervenciones en las que la naturaleza se convierte en un agente artístico mas. Se trata de un conjunto armónico y coherente que manifiesta la importancia concedida por Calero al proceso de creación y la libertad con la que se enfrenta al mismo, al margen de los géneros y clasificaciones. Al respecto Fernando Castro Flórez utiliza el término  concepción expandida del grabado ante la dificultad de clasificar a un artista que, como tantos otros en la actualidad, transita con comodidad y naturalidad del grabado a la acción y de ésta, de nuevo, al grabado y al collage. De hecho, hace unos años Calero manifestaba (provocativamente) en una entrevista concedida a un diario local, que se podía hacer arte con todo, incluso con un arma.

Frente a los excesos, la tendencia a la espectacularidad y la saturación de todo (de noticias, de imágenes, de obras de arte, incluso de artistas), destaca en las obras de Calero la discreción, la voluntad de negación, el gesto mínimo. Al respecto son reveladores los títulos utilizados en algunas de sus obras: Nada, Nunca o Paciencia, a la par que se observa una negación, incluso, del color, puesto que nos encontramos con grabados y obra sobre papel (ese –también- modesto soporte) en las que el gesto (o la señal del artista) es algo tan mínimo como la impresión de una letra en relieve (sin tinta incluso), o la huella irregular y arbitraria de una acción (el disparo de una bala sobre una hoja de papel en la serie Sueños, 2005, o la huella de la presión de una piedra sobre otra hoja dejada al aire libre en la serie Más, más luz, 2005). Y entramos aquí en otra de las preocupaciones de Ricardo Calero: la sedimentación, el paso del tiempo y su materialización en testimonios frágiles y deteriorados como son las hojas de papel dejadas al azar en bosques (Memoria del Taunus, 2001) y desiertos (Luz de Aragón, 2001-2002), luego recogidas y presentadas como obras de arte. Piezas discretas, contenidas, producto de un mínimo gesto del artista, el de plantar unos papeles en un lugar, que sugiere que el paisaje es, además de muchas otras cosas, un silencioso lugar interior, un espacio emocional de encuentro con situaciones y sentimientos donde el artista trabaja en colaboración con la naturaleza para producir unas obras de extrema sobriedad y contención expresiva.

Igualmente fascinante resulta el diálogo establecido entre Goya y Calero. Revelador, por un lado, de la fascinación y la potencia contenida en las obras (y especialmente en los grabados) del genial artista aragonés, pero también del valor por parte de Calero a la hora de enfrentarse a un mito pictórico, uno de los retos recurrentes (y necesarios, casi como un rito de paso o de crecimiento) para un creador actual. Sorprende, en particular, la serie Paciencia en homenaje al famoso cuadro El Perro de Goya, concebida casi a la manera musical como una serie de variaciones melódicas sobre un mismo tema. Consiste en una serie de grabados y obra sobre papel con el mismo formato e idéntico tema (la sugerencia de un pequeño motivo realizado en lápiz de grafito que insinúa y recuerda la cabeza del perro del cuadro goyesco) completado con collage, gofrado o el arbitrario impacto de una bala, dando lugar a imágenes más próximas a la abstracción que a la figuración, en la que domina un poético juego de texturas. Una obra que invita a la contemplación y a la reflexión, en concreto sobre las personas que como Goya tuvieron que luchar a contracorriente de la sociedad, como indica de manera precisa el artista.

Una exposición, por tanto, imprescindible para conocer (y disfrutar) a Ricardo Calero, de la que queda también como sedimento un magnífico catálogo en el que no solo se analiza, contextualiza y muestra la obra del artista, sino que también se deja hablar a la tierra, a la luz, a la nieve y al cierzo…

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Exposición de Ricardo Calero en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza

Número 11

Junio 2010
Ascensión HERNÁNDEZ
Miembro de AACA y profesora del Depto. de Hª del Arte de la Univ. de Zaragoza
Fecha de recepción: 29/6/10
Fecha de aceptación: 30/6/10
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