La pintora Cristina Silván, nacida en Pamplona el año 1975, con residencia fija en Zaragoza, pertenece a la extraordinaria generación pictórica zaragozana del 2000. Ni sabemos las razones para que hayan surgido tal grupo de pintores con tanta entidad. Se puede sugerir que muchos han obtenido la Licenciatura en Bellas Artes, lo cual jamás garantiza que alguien sea un auténtico artista, y que muchos han obtenido importantes becas. Parten de una garantizada formación. Pintores figurativos y un tanto por ciento muy alto de abstractos.
Cristina Silván, el pasado 16 de noviembre, inauguró su exposición individual en la galería Antonia Puyó con obras de 2009, siempre mediante abstracciones geométricas ya desde exhibiciones anteriores, lo cual significa el predominio del color y la línea al servicio de un rigor formal afín a una creatividad sin medida, pues desliza todo un juego de calidades protagonizadas por una imaginación controlada para evitar todo exceso formal. Color y línea emergen como refinadas matrices conducentes a un resultado espectacular, siempre suavizado para evitar un protagonismo exclamativo gratuito del campo pictórico. Contención precisa. La línea, sin posibilidad de error, fluye con naturalidad, como si cada una dependiera de la otra, para así finalizar la obra con la exacta armonía general. Nada sobra. Punto muy primordial es el movimiento, salvo la instalación titulada Piezas – cubo, que traza cambiantes direcciones cual sugerencia de un mundo dinámico incontenible, como si el universo geométrico tuviera lazos con elementos científicos. Geometría dinámica lanzada por doquier, en una suerte de vitalidad muy lejos de cualquier matiz negativo enlazado con la vida humana. El color, del exclamativo al controlado, se rige por la ley que impide su exagerado predominio sobre el ámbito de la línea. Cuatro cuadros demuestran un refinamiento insólito resuelto mediante el color negro y el predominio de la línea dinámica que danza sin pausa. Se alude a N.S.N. I, II, III y IV, que tienen paralelismo formal con el gran dibujo Papel Construcciones. Veamos los cuatro cuadros. El cuadro está pintado con fondo negro mate y tan escasa capa matérica que permite ver el granulado del lienzo como rasgo de riqueza visual. Sobre dicho fondo negro incorpora todo un rosario de formas geométricas en color negro algo brillante, lo justo para captar su óptima visión sobre dicho fondo, pero ahora sin captarse el granulado del lienzo. Geometría oculta visualizada cuando se observa con máxima atención. Cuatro obras que simbolizan el máximo grado de movimiento y libertad geométrica, como si un motor de hidrógeno la moviera sin cesar hacia destinos impredecibles. Libertad de pensamiento al servicio de las formas, siempre con un lento ritmo de ejecución por las propias características de cada cuadro.
Si deducimos por su trayectoria artística, ya desde hace tiempo, estamos ante una pintora que nos reserva nuevas perspectivas pictóricas, dado que tiene una ambición artística comprobada, como si la palabra meta final ni existiera. Aquel dinamismo pictórico, el de Cristina Silván, lo tiene adherido en lo más profundo de su pensamiento, que traslada al exterior vía naturalidad con el gesto pictórico como único esfuerzo.


