Una visión de la España romántica del XIX a través de los pintores británicos

El Romanticismo fue un movimiento que surgió en Alemania a finales del siglo XVIII gracias a Friedrich Schlegel, quien dio la primera definición de poesía romántica en su revista Athenaeum. No fue sólo un estilo literario, sino más bien un movimiento social y espiritual que se apoderaría de las mentes más renovadoras de los distintos países ilustrados. En España, a raíz de la Guerra de la Independencia, tanto franceses como ingleses entraron en contacto en una realidad ajena a la propia. Cuando volvieron a sus respectivos países, difundieron bien a través de literatura, en unos casos mediocre, en otros sensiblemente inspirada en el romanticismo de la época, lo que habían visto, es decir desde el paisaje urbano simple, pasando por las ruinas arqueológicas, monumentos medievales o descripción de gentes con sus costumbres y leyendas, convirtiendo el echo español en una moda y en un deseo de compartirlo. A diferencia de los franceses, los británicos no eran tan entusiastas con esto de los viajes, de echo, una vez incorporada España dentro de los itinerarios del Grand Tour, las visitas que solían hacer los británicos, sobretodo por los caminos de Castilla y Andalucía, suponían un cambio radical de unas ciudades cada vez más incómodas y una incipiente industrialización. Esto se debió principalmente a que diversos viajeros ingleses habían visitado nuestro país, publicando más tarde artículos, o libros contando las experiencias vividas, entre esos viajeros debemos recordar la figura de Richard Ford, quien a través de su Handbook for Travellers in Spain, publicado en 1844 sobrepasó los límites de guía, convirtiéndose en una obra literaria de éxito, a esto debemos añadir la excelente faceta de dibujante y acuarelista de Ford, dejando más de quinientos dibujos de su estancia en España.
   

William Oliver. Flirteo.1873

 Pero vayamos a lo realmente interesante, los artistas, pues no sólo literatos aparecieron por nuestro país, también artistas y marchantes de arte, a veces eran lo mismo, que compraban pinturas, la mayoría de artistas del Siglo de Oro, principalmente de Velázquez y Murillo, y que se cotizaban en las salas de subastas londinenses. Por primera vez en Zaragoza, y gracias a la Diputación Provincial,  y a su comisaria Aurora Marín, podremos descubrir en un centenar de pinturas, en buena parte inédita, de diversos formatos y técnicas, una visión idealizada de nuestro país partiendo de la admiración por esta tierra y sus gentes. Quizás lo único que le faltaría a esta exposición sería representación aragonesa, pues predominan los lienzos y acuarelas de Andalucía, aunque en la exposición el visitante podrá contemplar, aunque sea en forma de guiño una representación de algunas vistas del puente de piedra y de la Torre Nueva y  de su paisana más ilustre, Agustina de Aragón, a través del grabado de David Wilkie.
  

Edwin Roberts. Vendedora de fruta, Granada. 1890

 Pero ¿por qué no pasaron artistas británicos por Zaragoza?. Sí que pasaron, pero muy pocos, cómo bien explicar el profesor de la Universidad de Zaragoza Manuel García Guatas en el catálogo de la exposición, tan sólo seis pintores y un fotógrafo pasaron por la ciudad con diversos propósitos. El motivo principal, que cuando llegaban los viajeros a España por los puertos marítimos del noroeste, solamente los que hacían el viaje desde Barcelona y alguno que entró por Canfranc tenían que hacer parada en Zaragoza.
   El segundo motivo en visitar nuestra ciudad, era sin duda alguna los recientes acontecimientos históricos acaecidos durante la resistencia a las tropas francesas en sus dos sitios. Debemos recordar que para un artista británico, visita obligada era la Torre Nueva, debió ejercer un poderoso atractivo, parecido al de la Giralda de Sevilla a raíz de ser uno de los monumentos más reproducidos, así cómo los arcos del puente de Piedra, las ruinas del Monasterio de Santa Engracia, y los templos del Pilar, la Seo y la iglesia de San Pablo, que no sufrieron importantes daños durante los estragos de los sitios completaron los motivos de atención. Entre todos ellos destacaremos a Edward Hanke Locker, que llegaría a Zaragoza a comienzos de octubre de 1813, dibujando y grabando una ciudad sumida en ruinas, grabando especialmente el puente de Piedra desde la orilla izquierda. Este grabado, formaría parte de un álbum que editó en Londres con el título Wiews in Spain. John Frederick Lewis llegó a España para quedarse durante diez años, en sus viajes pasó por Zaragoza donde realizaría una acuarela de la Torre Nueva, que tituló The leaning tower of Saragoza. Seguramente el pintor británico de paisajes John Dobbin fuese el que mejor conoció los monumentos y paisajes de   España, recorriéndola desde Salamanca a Valencia, y de Burgos a Granada, pasando por Zaragoza, tomando apuntes de la iglesia de San Pablo y su torre, desde el lateral izquierdo, así cómo el Patio de la Infanta y varias panorámicas de la ciudad, sus torres y catedrales que expondría en 1875 en el Royal Academy. El único fotógrafo descrito anteriormente sería Charles Clifford, que pasó por Zaragoza junto al séquito de Isabel II en su viaje oficial por diversas capitales cómo Baleares, Cataluña y Aragón, llegando a Zaragoza durante las fiestas del Pilar de 1860. De él se conocen doce fotografías en donde se destaca una ciudad moderna y flamante, con el paseo y su reconstruida fachada de Santa Engracia, la Torre Nueva, todavía intacta o el patio de la Infanta o de los Zaporta en su sitio. También plasmó otras obras que se montarían expresamente por la llegada de la reina, cómo un curioso torreón árabe, o un obelisco que montaron los agricultores e industriales en la calle del Coso. Debemos destacar del catálogo, al margen del estudio del ya citado García Guatas, las biografías de todos y cada uno de los artistas representados en esta exposición, realizados por Joaquín Blasco Y Alba. Un conjunto de deliciosas pinturas inspiradoras de unos ideales románticos en una España casi desaparecida pero inmortal  realizados por unos jóvenes artistas que buscaban reflejar lo mejor de un país con paisajes atractivos y misteriosos y unas gentes ideales para la inspiración artística que tuvieron su continuidad en el romanticismo pictórico español.
 
PARA SABER MÁS
Los curiosos impertinentes. Pintores británicos de la España romántica del XIX
18/12/09-21/02/10
Palacio de Sástago. Diputación Provincial de Zaragoza
-Martes a sábado de 11 a 14 y de 18 a 21 h.
-Festivos de 11 a 14 h.         

Número 9

Diciembre 2009
José Antonio VAL LISA
Miembro del consejo de redacción de AACADigital
Fecha de recepción: 25/12/09
Fecha de aceptación: 25/12/09
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